Hernán Bonilla
Hernán Bonilla

En blanco sobre negro

El principal tema económico hacia la segunda vuelta es la política fiscal. El foco sobre las propuestas de las dos fórmulas en pugna ha dejado al desnudo los planteos y generado preguntas sin respuestas ante la evidencia del dislate oficialista.

El principal tema económico hacia la segunda vuelta es la política fiscal. El foco sobre las propuestas de las dos fórmulas en pugna ha dejado al desnudo los planteos y generado preguntas sin respuestas ante la evidencia del dislate oficialista.

En blanco sobre negro, la propuesta del Frente Amplio prevé gastos adicionales por alrededor de 4.000 millones de dólares, de los cuales Vázquez en un cálculo parcial admitió 1.500 en una reciente entrevista. Partiendo de la situación actual de endeudamiento y déficit fiscal y con una economía que crecerá a una tasa promedio de 3% en los próximos años según cálculos de oficialistas y opositores parece imposible lograrlo sin aumentar impuestos existentes o crear nuevos.

La sospecha no es infundada. El propio programa de gobierno del Frente Amplio, que Vázquez se jacta de cumplir a pies juntillas, establece la posibilidad de aumentar impuestos en su apartado sobre política fiscal. Incluso menciona ejemplos concretos, algunos tan absurdos como “al consumo importado de bienes suntuarios o competitivos con la producción nacional con una muy baja calidad” en una suerte de retorno al peor pasado de nuestra política económica bajo la sustitución de importaciones que nos condujo al más severo estancamiento de nuestra historia. A eso se agrega la candorosa sinceridad del senador Rafael Michelini que confesó como se financiarán las propuestas frentistas en un discurso reciente en la ciudad de Mercedes: “con impuestos que no se ponen ahora pero que se tendrán que poner en el futuro”.

Las argucias ensayadas desde el continuismo no son de recibo y no pasan de malabares dialécticos que lamentablemente no pueden ser rebatidos ante la negativa a debatir. Afirmar que se financiarán con el crecimiento económico es ampliamente insuficiente, decir que el dinero saldrá de rentas generales es lo mismo que no decir nada, apelar a su experiencia de gobierno es simplemente la falacia del argumentum ad verecundiam.

La situación económica del país ha permitido el crecimiento exuberante del gasto público de los últimos años sin consecuencias evidentes en el corto plazo y mientras dure la fase expansiva del ciclo. Pero no ha sido prudente pensando en el futuro del país y cuando todos los pronósticos coinciden en que no volveremos a crecer a tasas del 6% anual los anuncios frentistas resultan irresponsables y demagógicos.

El propio programa del Frente Amplio lo confiesa con crudeza: “Como toda opción de política económica, el resultado final de un aumento de la presión fiscal tiene cierto grado de incertidumbre. La alternativa es entre mantener inalterados los niveles de rentabilidad de los principales actores de la economía privada, o asumir el riesgo de un enlentecimiento de la inversión actual y acelerar la mejora de las condiciones de vida de quienes se mantienen aún entre los postergados.”

Si gana el Frente Amplio podrán decir que los aumentos de impuestos estaban previstos en su programa, incluso que saben que tendrán efectos negativos sobre la economía. Más allá de la colorida campaña publicitaria que veremos en los próximos días, estos son los temas de fondo sobre los que deberíamos discutir. Pero ante la irracionalidad de su programa y de los números que no cierran es que veremos que no van a querer dar ningún tipo de debate.

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