Hernán Bonilla
Hernán Bonilla

Apuntes electorales

Las elecciones del domingo permiten un análisis desde diversos puntos de vista, algunos requerirán más tiempo y estudio, otros son más evidentes y pueden compartirse a menos de una semana de los comicios. A todas luces el resultado de los partidos fue distinto al presagiado por las encuestas, lo que generó sorpresas.

Las elecciones del domingo permiten un análisis desde diversos puntos de vista, algunos requerirán más tiempo y estudio, otros son más evidentes y pueden compartirse a menos de una semana de los comicios. A todas luces el resultado de los partidos fue distinto al presagiado por las encuestas, lo que generó sorpresas.

Lo más llamativo fue que el FA obtendría (casi confirmado restando escrutar los votos observados) la mayoría en la Cámara de Diputados, pero no en la Cámara de Senadores, dónde pierde una banca. Los casos de Pluna, ASSE, Ancap, el estado de la educación pública, de la seguridad o de la infraestructura parecen haber sido compensados por la situación económica. Esta es una tesis posible pero no puede ser la única, en otros contextos de crecimiento económico la población ha castigado al partido de gobierno. Hay que atender a los planteos que hace tiempo viene realizando Francisco Faig sobre la hegemonía cultural de la izquierda.

Por estos días se habla de regular el trabajo de las empresas encuestadoras, algunas incluso están pidiendo financiación por parte del Estado. Las dos son malas soluciones. El principal capital de estas empresas es su reputación y en competencia quedarán las mejores, no es necesario regularlas. La financiación por parte del Estado las vuelve dependientes del gobierno de turno, por lo que tampoco es una buena idea. Sí parece razonable la modernización de nuestro sistema electoral para poder conocer los resultados en tiempo y forma. También es indispensable avanzar hacia un sistema de voto electrónico que termine con el despilfarro en listas y kioscos que atenta contra el medio ambiente y el sentido común.

Hay cambios lentos pero persistentes desde el punto de vista geográfico en que vale la pena detenerse. El Frente gana terreno en el interior profundo mientras el Partido Nacional lo hace en las zonas más urbanas y modernas. El oficialismo logra detener una importante caída en Montevideo, Canelones y Maldonado creciendo en la frontera con Brasil, verbigracia. Por otro lado, el partido de Saravia mejora su performance en zonas tradicionalmente hostiles como la capital. Esto da cuenta de cambios profundos dentro de la presunta estabilidad.

Una constatación ya vislumbrada en elecciones anteriores es que el actual sistema electoral perjudica al Partido Nacional. En efecto, el desgaste al que se ve sometido en la interna dónde logra el máximo de su despliegue y caudal porcentual de votos le resta fuerza para la nacional. Seguramente al terminar el ciclo en mayo, también volvamos a verificar que los blancos votan mejor en las internas y en las departamentales que en las nacionales. Es un tema que amerita cambios institucionales o en comportamientos culturales idiosincráticos, ambos asuntos complejos.

El punto de partida hacia el balotaje es difícil para Lacalle Pou y Larrañaga, pero nada está perdido. Con la rebeldía propia del Partido Nacional, convocando a todos los partidos y a todos los uruguayos —a diferencia del exclusivismo que ya ha anunciado el Frente Amplio— se puede construir un gobierno en base a una nueva mayoría, que se plasmará en el Senado de ganar en noviembre. Es una tarea desafiante pero posible y necesaria porque es la única que abre las puertas a a un país unido en contraste con el que plantea el oficialismo de mitades enfrentadas.

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