Hernán Bonilla
Hernán Bonilla

Para el año que comienza

Las fronteras arbitrarias del calendario gregoriano marcan que el 2017 llega a su fin y, por lo tanto, esta será la última columna del año.

Es un momento propicio entonces para poner sobre la mesa algunos de los temas fundamentales que se plantearán (o deberían plantearse) en el 2018, desde una perspectiva de la dinámica que seguramente nos aguarda en el año que inauguraremos en algunas horas más.

El miércoles se publicó en El País una encuesta de expectativas económicas para 2018 que recogió la opinión de 15 analistas, en términos generales, con más coincidencias que discrepancias. Nuestra propia estimación es que la economía crecerá un 2,8%, que la inflación se ubicará en 7,5%, la tasa de desempleo promedio anual en 8,5%, y el déficit fiscal será de 3,6%. Como se ve, de concretarse estas cifras estaríamos en números similares a los de este año, con inflación y desempleo algo más elevados.

Hay dos temas que hemos tratado este año con asiduidad debido a su relevancia: la situación fiscal y la competitividad. Algunos datos objetivos como el deterioro del mercado de trabajo y el número de empresas en concurso, son elocuentes. Recientemente, verbigracia, se conoció que este año se presentaron a concurso de acreedores 112 empresas, un 47% más que el año anterior y el mayor número desde la crisis de 2002. No hay dudas de que la competitividad está golpeando y en algunos rubros con particular intensidad, lo que tiene su correlato en los indicadores laborales.

Un mojón especialmente relevante de 2018 será la Rendición de Cuentas que se comenzará a analizar en el Parlamento en el segundo semestre. Dado que es la última en que pueden disponerse algunos tipos de gastos será terreno propicio para la disputa sectorial dentro del gobierno.

Lo razonable sería no aumentar el gasto, pero es un evento de probabilidad cero, lo esperable es que se aumente en forma moderada, pero no puede descartarse una embestida para lograr incrementos importantes si se plantea, por ejemplo, alcanzar el 6% para la educación, que puede llevar el déficit a niveles más altos que el actual y comprometerán el grado inversor del país. También dentro de este panorama es esperable que existan nuevas medidas de ajuste fiscal del estilo "creativo" que se plasmaron en la rendición aprobada este año.

La Rendición de Cuentas, por lo tanto, será el fiel de la balanza para señalar hacia dónde se desliza el frente fiscal hasta el final de la actual administración.

Por el lado de la competitividad es difícil esperar buenas noticias dado que ya conocemos la evolución que tendrán las tarifas públicas y, en buena medida, la presión fiscal. La única alternativa viable para mejorar la competitividad es una trayectoria del tipo de cambio que ayude a reducir el atraso cambiario que venimos acumulando. Esto dependerá de las decisiones de la Reserva Federal, del desempeño de la economía estadounidense y de la política monetaria y cambiaria del Banco Central.

Nos espera un año, en conclusión, en que la atención del análisis de coyuntura estará centrada en el déficit fiscal y el tipo de cambio. Los temas estructurales, que también demandarán nuestra atención, los analizaremos en la próxima columna, o sea en el año que viene.

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