Hebert Gatto
Hebert Gatto

Los vientos sesentistas

Las recientes internas del Frente para elegir a su presidente, al Plenario Nacional y a sus autoridades departamentales, arrojaron resultados en muchos aspectos inesperados. En primer lugar se ratificó la caída de sus participantes, una arraigada tendencia, por más que sea general, de desinterés en la política.

Las recientes internas del Frente para elegir a su presidente, al Plenario Nacional y a sus autoridades departamentales, arrojaron resultados en muchos aspectos inesperados. En primer lugar se ratificó la caída de sus participantes, una arraigada tendencia, por más que sea general, de desinterés en la política.

Desde los gloriosos 220.000 votantes frentistas del 2006, los 170.000 del 2012, a los desinflados 94.000 de los recientes comicios.

Más inesperada resultó la elección de Javier Miranda a la presidencia de la coalición, derrotando al favorito Alejandro Sánchez, candidato por el mayoritario Movimiento de Participación Popular. Todo parece indicar que al ganador, un hombre de perfil seregnista, no solamente lo benefició que la izquierda más militante haya votado dividida, sino que su perfil de independiente concitó apoyos por encima de los partidos. De todos modos, si se suman las adhesiones a Sánchez y a Roberto Conde -este último apoyado por los comunistas- el resultado supera ampliamente los guarismos de Miranda. Por su lado, el MPP, pese a su derrota a la presidencia, obtuvo el 20% de votos, manteniendo el primer lugar en la coalición, y el Partido Comunista, en ascenso, consiguió el 16%. Pero quizás lo más sorprendente radicó en la baja de los apoyos al Astorismo, vanguardia tradicional de los sectores moderados, que perdió, en relación a 2012, el 5% de sus votos al Plenario Nacional, quedando con menos del 9% del total. Mientras que la subcoalición Líber Seregni no llegó al 20% de ellos. Más esperable por su lado fue el declive del Partido Socialista, al comparecer dividido en dos corrientes de similar peso pero irreconciliables a nivel ideológico: solo obtuvo el 12,8% de votos, perdiendo casi un 6% de sus adhesiones.

Para interpretar esta interna vale relacionarla con la última encuesta de Factum sobre preferencias nacionales, publicada el 29 de julio pasado, que arroja un 30% de votos al FA, lo que supone una inédita caída de 18 puntos respecto a la elección nacional del 2014, en la peor coyuntura de la historia de la coalición. Ello permite conjeturar que tal declive se origina en una fuerte reducción de los simpatizantes de los sectores moderados. No en balde los mismos, incluso si le sumamos la mitad de los votos del Partido Socialista, apenas logran alcanzar una representación menor al 35% en el gobierno de la coalición. E incluso si computamos debidamente a los representantes de “las bases”, oficialmente clasificados como independientes pese a su militancia partidaria encubierta, la presencia porcentual de los moderados resulta todavía más reducida. Tanto en el Plenario, como en la Mesa Política o entre las autoridades departamentales.

Estas conclusiones pueden cuestionarse. Lo que no puede ponerse en duda es que en los tres años largos que faltan para las elecciones nacionales, el Frente, en una coyuntura difícil, será comandado por sectores ideológicos de inequívoca definición socialista. Con un presidente y un ministro de Economía que además de ajenos a los mismos, lucen política y psicológicamente débiles, subordinados a una coalición que mientras reduce sus apoyos externos aumenta en la interna su radicalismo ideológico. Tal como si los vientos sesentistas volvieran a soplar. Un presagio nada alentador.

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