Hebert Gatto
Hebert Gatto

La victoria de los centros

Las elecciones internas en los partidos, esa indebida práctica antiliberal del sistema político uruguayo del pasado domingo, no arrojó demasiadas novedades.

La concurrencia superó la esperada y en los tres partidos mayoritarios triunfaron opciones de centro de extracción democrática, mientras izquierdas y derechas puras y duras, (la más novedosa de las últimas fue Cabildo Abierto), también marcaron presencia, aunque minoritaria.

En el Frente Amplio triunfó con casi veinte puntos de distancia Daniel Martínez, un candidato sobrio, de perfil bajo, con antecedentes de tolerancia y apego a las formas políticas democráticas, si bien no cabe reconocerle como mérito su reciente pasaje por el complejo gobierno municipal de Montevideo. Como se sabe, pertenece al ala moderada, hoy minoritaria, del Partido Socialista. Es probable, visto que en el actual Frente prevalecen grupos ideológicamente anticapitalistas, (las listas del MPP, del Partido Comunista y del Socialista triunfaron en esta elección y el Frente Líber Seregni, de perfil más liberal, terminó relegado), la candidatura de Martínez, si bien poco representativa internamente, resulte, de cara a las nacionales, una jugada buscada. Socialistas pero prudentes. Resta saber si este predominio radical se reflejará en la designación del vicepresidente o si primará la voluntad del candidato. En cualquier caso, el desplazamiento hacia la izquierda por parte del Frente, ni otorga sustento firme al candidato ni parece coincidir con las aspiraciones de una población, mayoritariamente volcada hacia el centro del espectro.

En el Partido Nacional, los resultados confirmaron e incluso superaron sus expectativas. Lacalle Pou cosechó más del cincuenta por ciento de los votos, en un triunfo incuestionable que reafirma a una estirpe partidaria. Un fenómeno sucesorio común en el Uruguay. La rápida elección de Beatriz Argimón como vice, una medida por encima de cuestionamientos fraccionales, confirmó el indiscutido predominio de Lacalle, que ni siquiera consultó al desconcertado Juan Sartori. Es indudable que el Partido Nacional necesita del aporte de éste si quiere triunfar -pero no resulta claro cuantos de los votos pertenecen al partido y cuántos al candidato. Si es que realmente tiene alguno, una incógnita a despejar, aún cuando aún así no parece que Sartori calce atributos como para ensayar rebeldías.

En cuanto al Partido Colorado, la imposición de Ernesto Talvi, producto de una arremetida final incontenible, causa cierta sorpresa, por haber triunfado sobre una calificada figura partidaria como el dos veces presidente Julio Ma. Sanguinetti, un rival consustanciado con las tradiciones más caras del batllismo. En cualquier caso la victoria de Talvi parece haber energizado a un partido que hace pocos años lucía abocado a la desaparición, devolviéndole sus mejores tiempos. Creo, pero me reservo alguna duda, que no le alcanzará para imponerse en las nacionales, pero estoy seguro que disminuirá la actual diferencia. Gane quien gane lo rescatable es que ambos, tanto Talvi como Lacalle, están decididos, junto al Partido Independiente, a acordar en los temas vitales para el futuro del país. Esta temprana concordancia democrática es lo mejor que le puede ocurrir a nuestra castigada República.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)