Hebert Gatto
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El sentido del voto

Seguramente los recientes comicios internos consiguieron más importancia por sus resultados finales que por aquello que previamente se les adjudicaba, al tratarse de comicios internos que dirimen elecciones sectoriales de carácter no obligatorio para los votantes. Elecciones que si carecen de competitividad no despiertan expectativas.

Ante la sorpresa general el sector de Luis Lacalle Pou se impuso por cifras claras, derrotando al grupo más asentado (o con visión más oficialista) del Partido Nacional. Esta conclusión supone bastante más que un problema interno de una colectividad, implicó en el plano nacional, la emergencia de una nuevo orden de oposición electoral hacia el Frente Amplio, que no debe olvidarse, sigue siendo el partido con más probabilidad de ganar el gobierno, contando con más del 40% de los votantes. Más aún cuando la oposición, eufemismo que idealmente conjunta aquellos partidos que no constituyen el oficialismo, integran un conjunto inorgánicos sin represe

Seguramente los recientes comicios internos consiguieron más importancia por sus resultados finales que por aquello que previamente se les adjudicaba, al tratarse de comicios internos que dirimen elecciones sectoriales de carácter no obligatorio para los votantes. Elecciones que si carecen de competitividad no despiertan expectativas.

Ante la sorpresa general el sector de Luis Lacalle Pou se impuso por cifras claras, derrotando al grupo más asentado (o con visión más oficialista) del Partido Nacional. Esta conclusión supone bastante más que un problema interno de una colectividad, implicó en el plano nacional, la emergencia de una nuevo orden de oposición electoral hacia el Frente Amplio, que no debe olvidarse, sigue siendo el partido con más probabilidad de ganar el gobierno, contando con más del 40% de los votantes. Más aún cuando la oposición, eufemismo que idealmente conjunta aquellos partidos que no constituyen el oficialismo, integran un conjunto inorgánicos sin representación unificada. Un fenómeno que realza la campaña de Lacalle Pou y parece imponer, si el representante blanco consigue mantener viva la expectativa que infundió a sus votantes, un cambio significativo en su conducta política.

El mismo candidato que pocos meses atrás, cuando decidió postularse, contaba con un pequeño respaldo electoral y carecía de relevancia en la política uruguaya consiguió rápidamente posicionarse como un rival presidencial de fuste, mediante una alternativa con sólidas posibilidades actuales. No solamente para sustituir internamente un candidato sólido como fue Jorge Larrañaga, sino pasible de derrotar incluso, al postulante frenteamplista. Algo inimaginable muy poco tiempo atrás, que en atención del tradicional inmovilismo de la política uruguaya, resulta hazañoso. Y señala a su vez alteraciones en la forma de entender o vivir el fenómeno político, especialmente la ya conocida declinación de los factores ideológicos o doctrinarios, sustituidos por la dinámica personal de los candidatos y por aquello que se percibe o se intuye, como su capacidad de realización. Un déficit personal, que fue notorio en el caso del presidente Mujica, particularmente confuso y poco realizador en ese plano.

Volviendo a Lacalle Pou además de los insondables misterios del carisma, son varios los factores que explican su excelente aceptación por parte de la ciudadanía. El primero, por repetir un fenómeno muy citado, es su juventud, no tanto porque esta sea excesiva, sino por la general morosidad de renovación de nuestra política. Como es notorio en casi todos los restantes partidos. Una novedad que también se manifiesta es un estilo político reflexivo, de tono calmo, modesto, identificado más con lo dialogal que en lo controversial. Como si el hombre hubiera descubierto que apostar al consenso, como ha reiterado, fuera acorde con los tiempos.

También es notorio que en un plano más profundo Lacalle Pou es una figura poco conocida cuyo pensamiento, excepto por su nacionalismo, ignoramos en gran parte. No solamente porque evita las discusiones más profundas, aquellas que hacen a esencias y definen personalidades, sino porque lo hace concientemente. Sabiendo en cada caso por qué. Aunque quizás sea propiamente esa capacidad, esa simpática habilidad para evitar la confrontación informal, aquella que los uruguayos, fatigados por años de enfrentamiento ideológico están ansiando en su presidente, un hombre de acuerdos.

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