Hebert Gatto
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No repetir errores

Nuevamente, como si nada se pudiera aprender del pasado, el Estado uruguayo se dispone a rescatar otro emprendimiento comercial fallido a través de una dudosa operación de rescate.

Nuevamente, como si nada se pudiera aprender del pasado, el Estado uruguayo se dispone a rescatar otro emprendimiento comercial fallido a través de una dudosa operación de rescate.

Quince millones de dólares que los ex empleados de Pluna, o una parte de los mismos, recibirán del Fondes, dineros estatales: tan tuyos como míos. Los primeros pasos de la nueva empresa se realizarán mediante tres aviones arrendados, el capital prestado tendrá un plazo de gracia de dos años y será abonado en diez años de plazo con un interés del 4% mensual. La empresa calcula que obtenida la certificación de la Dirección Nacional de Aviación Civil, comenzará en octubre sus vuelos charter y en noviembre los regulares se extenderán a varios destinos de América. El plan de desarrollo es prolijo y sobre el papel, alquilando aeronaves y vendiendo servicios, el destino parece promisorio. Tanto que según sus promotores “el plan de negocios a diez años en ningún mes arroja pérdidas”, lo que habilita a sus directores a colocar sus bienes personales como garantía del nuevo emprendimiento, en muestra de confianza y compromiso en su futuro.

Creo que resulta compartible que el Estado, directo responsable de los hechos, se preocupe hoy por la suerte de sus antiguos empleados (perjudicados por la pésima forma en que ese mismo Estado permitió en su momento se administrara una empresa como Pluna, a la que inexplicablemente abandonó a su suerte), aún cuando formalmente no le correspondiera ninguna responsabilidad. Bien puede decirse, que aunque no fuera su intención, contribuyó con su inacción a exponer a sus ex funcionarios a la compleja situación en que se encuentran. Como resulta inexplicable que decidiera liquidar la sociedad, transfiriendo los aviones a un tercero, cuando ello a ojos vista resultaba claramente inviable para las leyes de concurso que el Estado había sancionado poco antes. Los resultados están a la vista y demuestran la impericia y la falta de conocimientos jurídicos con que se actuó, contribuyendo al actual atascamiento y al aumento imparable del monto de los pasivos concordatarios, lo que, insistimos, obliga al estado uruguayo, ahora sí directamente responsable por lo ocurrido, a compensar algunas responsabilidades. Las derivadas de sus propios errores.

El problema no radica en determinar si debe buscarse alguna solución para los ex empleados de Pluna. Estriba en decidir si el camino que actualmente se pretende seguir, creando otra empresa, es el adecuado. Y la respuesta es francamente negativa. Pluna, un proyecto que nos es simpático a todos los uruguayos ha sido manejado de muchas maneras pero en todas ellas el Estado ha salido arruinado. Ya en forma directa como ente estatal, ya dejando la administración en manos de terceros como recientemente ocurrió, cada uno de tales experimentos ha resultado negativo. Si entendemos que somos responsables de negligencia frente a los empleados de la ex Pluna, compensemos ese daño absorbiéndolos como funcionarios, pero, por favor, no nos carguemos con otra empresa con sus complejas incertidumbres. Y por sobre todo, no dejemos que la misma nos arrastre en un vértigo de deudas, como ya nos ha sucedido. Son demasiadas las instancias que nos depara el futuro para crearle al país desafíos difíciles, de perfil incierto, por el vano orgullo de una línea aérea nacional.

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