Hebert Gatto
Hebert Gatto

En la recta final electoral

Cuando tanto desde el oficialismo como de la oposición ya dio comienzo el año electoral, parece buen momento para analizar los resultados de la gestión del gobierno, sin omitir las consabidas complejidades de semejante análisis. No solamente por las dificultades objetivas que supone cualquier valoración de este tipo, sino por su importancia directa para la propia campaña. Lo que significa que la evaluación deja de ser un mero ejercicio intelectual. Incide plenamente sobre los resultados de la campaña.

Cuando tanto desde el oficialismo como de la oposición ya dio comienzo el año electoral, parece buen momento para analizar los resultados de la gestión del gobierno, sin omitir las consabidas complejidades de semejante análisis. No solamente por las dificultades objetivas que supone cualquier valoración de este tipo, sino por su importancia directa para la propia campaña. Lo que significa que la evaluación deja de ser un mero ejercicio intelectual. Incide plenamente sobre los resultados de la campaña.

La coalición frentista pugna por su tercera reelección y es el sector que según los sondeos cuenta con mayor apoyo electoral. Los relativamente buenos resultados económicos ayudan a explicar que los porcentajes oscilen entre un cuarenta y un cuarenta y cuatro por ciento del electorado, mientras la oposición sumada se sitúa entre dos y cuatro puntos por debajo, en cifras que todavía no pueden considerarse consolidadas. Pocos de los votantes se detienen a pensar que tales resultados fueron epocales y se extendieron a todo el continente, lo que problematiza atribuirlos exclusivamente a la política local.

Al igual que debe recordarse que mientras el Frente constituye una coalición que suma automáticamente los votos de los adherentes de sus partidos constituyentes, no ocurre lo mismo con la oposición que sólo adiciona, si tal es la voluntad de sus votantes, en una eventual segunda vuelta.

Sin olvidar que la izquierda, estuvo representada en su primer triunfo por un sector socialista moderado (o muy cercano a la socialdemocracia), mientras en la segunda elección la representó un ala más radical lo que le otorga mayores opciones (el retorno a un gobierno y un candidato que se recuerda exitoso).

Sin embargo, más allá de las cualidades personales de Vázquez, en esta ocasión el frentismo ya no cuenta con la novedad de una figura inédita en el escenario político, ni con la anterior ventaja de un partido que prometía un plantel de gobernantes renovado y un diferente estilo de hacer política sin ataduras con el pasado. Por primera vez desde su fundación como país independiente, los uruguayos aguardaban en 2004 una revolución copernicana en su forma de conducción. Ninguna de esas condiciones se plantean actualmente. A diferencia de lo ocurrido entonces la mística del hombre nuevo se ha perdido. El futuro gobierno será un gobierno de hombres no ya de dioses. Y eso hace la diferencia.

La presidenta de la coalición, la Dra. Mónica Xavier insiste en el retorno de la militancia, afirma específicamente que está regresando la mística de una década atrás. Con ello ratifica la diferencia entre el entusiasmo de entonces y el frío panorama actual. No vuelve lo que no se ha ido. Alcanza con recorrer los comité de base, para advertir el cambio de clima, el lento declinar de lo que pareció la fundación de una diferente cultura política, particularmente entre los jóvenes.

Con cierto desfasaje temporal, la izquierda ha debilitado su ideología y con ella la esperanza. Desastres irredimibles como el de Pluna, el irrespeto a la separación de poderes, la irresolución del Presidente, la división interna, la ley de medios, además de los problemas como la educación, la seguridad y la incertidumbre económica son inocultables.
El Frente puede ganar pero resulta más difícil que retenga la mayoría parlamentaria. Que así sea.


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