Hebert Gatto
Hebert Gatto

¿Qué nos pasa?

La pequeña baja durante lo últimos días del número de infecciones por Covid, así como una leve disminución en la mortalidad, aparecen como esperanzadoras en medio de un panorama complejo.

No en balde recientemente Uruguay encabezó el número de fallecimientos diarios y la cantidad de infectados cada cien mil habitantes. Por más que esta última cifra se reduzca si consideramos la cantidad de test totales realizados, donde superamos ampliamente al resto de los países del continente. Lo mismo ocurre con la vacunación, que pese a su tardanza, hoy solamente es superada por Chile. Pese a ello, si nos retrotraemos al largo 2020 donde mantuvimos una situación excepcional, es dable preguntarse que nos ha pasado realmente. ¿Por qué hemos pasado, tan abruptamente, de uno a otro extremo?

Nadie posee respuestas definitivas, menos nosotros que sólo aportaremos hipótesis que exigen comprobarse. Se trata de un terreno con tal cantidad de variables que resultan imposibles las explicaciones simples. La más sencilla de ella referida al desarrollo socioeconómico de las naciones, parecería no aplicables. Estados Unidos uno de los países con mayor nivel en ese plano, figura como el más infectado del mundo. Lo mismo ocurre con la Unión Europea. Más directamente y en cuanto a los niveles médicos de atención, la enfermedad no se relaciona, en grado decisivo, con este factor. Tampoco, parece que las medidas gubernamentales hayan sido factor fundamental. Desde cuarentenas totales, fuertes restricciones a la movilidad o medidas sancionatorias típicas de los estados totalitarios, así como determinadas políticas liberales en el otro extremo, las cifras no varían. Como tampoco incide la diversidad nacional en el plano cultural, pese al aparente y dudoso éxito chino.

Creo que en el Uruguay, y lo digo con prudencia, el problema se relaciona con su posición geográfica. Somos un país pequeño, abrazado por dos naciones que sumadas superan los doscientos cincuenta y cinco millones de habitantes. 78 veces más poblados que nosotros. Con la particularidad de tener con Brasil una frontera seca e incontrolable, de mil kilómetros. Además, ambas naciones fronterizas tienen mala vacunación y particularmente Brasil, una deficiente atención sanitaria. Si a ello sumamos que el 94% de Uruguay está muy concentrado en ciudades de la región metropolitana es fácil colegir que nuestra densidad poblacional real es superlativa. Incapaz a la larga, salvo mediante un imposible cierre total fronterizo, de resistir la presión demográfica y por ende infectiva de los vecinos, particularmente los del norte. Ello sumado al decisivo cambio de cepa, explicaría, de manera importante, la situación que vivimos, tanto antes como ahora. Demasiados virus voraces sitiando un pequeño asilo de ancianos.

Es cierto que existen naciones pequeñas con situaciones geográficas similares, por ejemplo Bélgica u Holanda respecto a otros países de Europa, o los Emiratos Árabes en relación a Arabia Saudita, etc, aún así dudo que las densidades relativas y la extensión y características de las fronteras permitan una simple traslación. Por más que sea un tema a considerar. Asumamos además que esta hipótesis, en sí nada original, no nos excusa de nuestros aciertos y errores en el tema.

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