Hebert Gatto
Hebert Gatto

Nuestros parlamentarios

Días pasados, el Centro de Estudio de la Realidad Económica Social de Uruguay (Ceres), con apoyo de Naciones Unidas, publicó un estudio sobre la autodefinición ideológica de nuestros parlamentarios, un importante aporte que merece divulgarse.

No solamente por sus insumos y el valor de sus resultados, sino porque también midió tendencias, comparándolo con un trabajo similar de 2016. Se trata de un conjunto de respuestas obtenidas mediante un cuestionario a los legisladores electos en el presente período, con preguntas diseñadas a esos efectos.

Con el mismo no se buscó determinar las ideologías de los diferentes partidos, solo las diferencias en este campo entre el gobierno y la oposición como bloques, mientras implícitamente se definió “ideología”, un término ambiguo, como: la “concepción socio política” de cada parlamentario. Como era esperable ello, si bien atenuó, no eliminó las posibles ambigüedades del tema. Comenzando por las obvias dificultades para definir la izquierda actual.

Así la socialdemocracia, violentamente denostada por la izquierda por su rechazo del marxismo, ahora recibe una tímida aceptación, especialmente en sectores minoritarios del FA. -como Asamblea Uruguay y afines- que se reconocen de centro izquierda.

Por su lado el liberalismo requiere diferenciar entre sus aspectos filosóficos, la libertad concebida como autonomía espiritual del individuo y sus dimensiones económicas: la llamada libertad de mercado.

A su vez, coincidiendo con esta división, conviven en ella los “liberales igualitaristas”, que combinan libertad con igualdad social (con John Rawls como su mentor), y otro sector inclinado a la meritocracia y por ende mucho menos estatista. Entre ellos, los “neoliberales”, encabezados intelectualmente por figuras como Milton Friedman o Friederich von Hayek.

Por último, en Uruguay, el término “socialista” sigue definiendo una concepción nacionalista de tipo clasista-revolucionaria. Dadas estas particularidades, ninguna de estas matizaciones, que complejizan los análisis, tiene lugar en este trabajo.

Con estos insumos, traducidos a las particularidades de los partidos uruguayos y en el marco de la derrota electoral del FA, los resultados del encare son valiosos y aclaran un aspecto controvertido: la naturaleza ideológica de la coalición ganadora, según se autodefinió.

Sorpresivamente un tercio del total de los parlamentarios se declara liberal, otro tercio socialista, y el restante socialdemócrata (se incluye en ellos a los social cristianos -pese a la ambigüedad de su ideología- que así compensan las bajas de aquellos en la oposición); mientras un 3% se confiesa comunista.

En relación al período anterior aumentan considerablemente los liberales (casi triplican su representación) y pierde más de un cincuenta la ideología comunista, pese al aumento de sus legisladores. No obstante, quizás lo más inesperado es que en el total del Parlamento, sumando a quienes se definen como izquierda y centro izquierda alcanzan un sorpresivo 61%, algo que no era claramente esperable.

Esta predominancia alcanza el 100% en el Frente Amplio a la vez que resulta ampliamente mayoritaria en la coalición oficialista, lo que impone concluir que una parte de quienes en ella se definen como liberales deben incluirse entre los “liberales igualitaristas”, inclinados, como decíamos, al equilibrio entre la libertad y la igualdad social. A la vez que otra porción de los mismos deba situarse en la derecha como “neoliberales”, en tanto un 31% de sus legisladores así se colocan. Mientras un 5% se reconoce en el centro derecha. De otro modo los porcentajes del Estudio resultarían contradictorios. Una particularidad que explica la anómala presencia en su interior de simpatizantes de Trump (35%), una figura que ningún izquierdista suscribiría. Esta situación, vale reiterarlo, no obsta a que la coalición gobernante deba situase en el centro, pese a la insistencia opositora en caracterizarla como derecha neta.

No denota incongruencia la coexistencia en el oficialismo de izquierdas y derechas ideológicas, en tanto Cabildo Abierto se ha distinguido en su práctica como un partido nacionalista, institucionalista y con entonaciones liberales, lo cual, como la experiencia universal demuestra, no le impide, como derecha, integrar una coalición democrática inclinada al centro izquierda.

La política no se divide entre izquierdas y derechas puras, duras y abstractas. La realidad es siempre matizada y no parece una buena estrategia reducirla a opciones extremas. El resultado es siempre una dicotomía entre buenos y malos.

El Uruguay está gobernado por una opción republicana congruente con el perfil de los partidos que la integran, afortunadamente ajenos en su conjunto, a tendencias autoritarias o neoliberales.

En cuanto al Frente Amplio, el estudio ratifica lo ya confirmado por las elecciones: el MPP (de definición socialista), con casi un 31% del voto de la coalición, más el Partido Comunista, alrededor de un 17% y la mayoría del Partido Socialista, cercano al 8%, configuran una sólida mayoría que con grupos menores se aproxima al 60% del mismo.

Los últimos comicios implicaron una derrota significativa para la Socialdemocracia frentista, atenuada, en el panorama nacional, por la emergencia de sus pares Socialcristianos en el oficialismo. Esto se refleja en el estudio. Prueba de ello es que cuando se preguntó a los legisladores frentistas cuál era la representación de centro izquierda en su coalición, apenas señalaron guarismos del 5%.

Evidencia que, pese a la implosión comunista, la izquierda ni se renovó, ni se matizó, sin perjuicio que los aires liberales del siglo XXI hayan contaminado su práctica. Probablemente a su pesar. En síntesis un valioso estudio que verifica, en el plano ideológico, lo que los respectivos programas partidarios de la coalición triunfadora habían adelantado en el nivel político: el triunfo del centro con arrestos hacia una izquierda liberal en coexistencia con una derecha minoritaria, y la derrota de un frentismo sesgado hacia una izquierda dura y anacrónica, por más que desideologizada, con fuerte deriva hacia el populismo socialista.

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