Hebert Gatto
Hebert Gatto

La nueva división de la izquierda

Como es notorio la coalición frentista está escindida. No solo institucionalmente, donde dos candidatos compiten por la presidencia, sino ideológicamente, donde cada vez más, se contraponen dos visiones del mundo y diferentes caminos para concretarlas. En un fenómeno que no es nuevo sino tan viejo como la historia misma de la izquierda mundial, si bien en esta oportunidad con particulares matices.

Como es notorio la coalición frentista está escindida. No solo institucionalmente, donde dos candidatos compiten por la presidencia, sino ideológicamente, donde cada vez más, se contraponen dos visiones del mundo y diferentes caminos para concretarlas. En un fenómeno que no es nuevo sino tan viejo como la historia misma de la izquierda mundial, si bien en esta oportunidad con particulares matices.

En nuestro país, si excluimos a los anarquistas que generalmente han seguido una senda propia, la división entre socialistas y comunistas (en los inicios, 1920/21, toda la izquierda), se mantuvo con alternativas y treguas desde aquellos lejanos comienzos. Si bien en el Uruguay admitió la creación de una coalición parlamentaria estable como el Frente Amplio desde 1971. Aún cuando la misma vinculó a socialistas y comunistas no borró los desacuerdos ideológicos fundados en la diferente valoración de la democracia, particularmente hasta los sesenta. Para los socialistas un complemento necesario del verdadero socialismo, mientras para los comunistas la estructura política final del estado capitalista. Tal el origen de las diferencias que cuarenta años después, amplificadas por cuestiones supervinientes, aún siguen operando.

En los años que siguieron la izquierda se diversificó y aparecieron en su seno otros partidos que complicaron la clasificación, que de a poco pareció escaparse de los límites de las encontradas interpretaciones del marxismo que encarnaban los fundadores. El debate dejó de circunscribirse a la oportunidad o no de la revolución para centrarse en temas como las políticas de sexo, la ecología, las causas de la delincuencia o las políticas sociales. El obrerismo o el imperialismo, aún manteniendo su vigencia, dejaron de ocupar el lugar central de la agenda.

Es como si Galeano hubiera sido sustituido por un redivivo Batlle y Ordoñez, impulsor de una política de cambios graduales (el repudiado reformismo de la izquierda clásica) muy lejos de la revolución violenta. En esta senda, sectores enteros como el Frente Líber Seregni, abandonaron el anticapitalismo para adoptar explícitamente una línea socialdemócrata, aunque este viraje trascendente, como todos los que procesó la izquierda luego de la implosión soviética se ejecutara casi en secreto y disimulando su importancia. Un cambio similar, aunque algo menos radical procesó el Partido Socialista que, junto a Tabaré Vázquez, continúan prometiendo el socialismo para el “siglo de la abundancia”, mientras en el entre tiempo fomentan las inversiones privadas y la radicación de capitales.

En estas circunstancias la división de la izquierda ya no es lo que fue. No se trata únicamente de la disputa parroquial sobre como leer a Marx. Ahora la controversia no es únicamente entre marxistas, entendiendo por tales aquellos que mantienen una concepción socialista del mundo, sino que agrega a quienes promueven el capitalismo en versiones dulcificadas. O para decirlo de otra manera, de lo que se trata es de una coalición que discute a través de dos representantes enfrentados cuál es su ideología, si se inclina por el reformismo socialdemócrata o por una línea socialista más rigurosa, cuyo objetivo sigue fijo en la socialización de los medios de producción. Tabaré Vázquez representa la primera posición, Constanza Moreira la segunda. En el medio una masa desconcertada se mira de soslayo.

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