Hebert Gatto
Hebert Gatto

Izquierda y derecha, unidas y adelante

En su última sesión la Cámara de Diputados afrontó un duro cruce dialéctico, no de los acostumbrados cuando chocan el Frente Amplio y la Coalición gobernante, sino al interior de esta última.

Cabildo Abierto, el socio díscolo del oficialismo, presentó un proyecto limitando la aplicación de la ley forestal vigente al 10% de todo el país y solamente respecto a suelos de “prioridad forestal”. En realidad luego de elevar a consideración un primer anteproyecto, al no conseguir apoyo lo sustituyó por el actual de siete artículos, aprobado por una inusual mayoría de cabildantes, ecologistas y frentistas, sin informes ministeriales ni opiniones de interesados. Una situación atípica, relativa a una ley de características importantes para el agro nacional, donde las diferencias son profundas, pese a que a último momento, Manini Ríos admitió la posibilidad de enmiendas a lo acordado.

Para blancos, colorados e independientes, la ley no debió ser parcialmente aprobada tanto por razones de forma como de fondo. En cuanto a lo primero, por no respetarse plazos, no consultarse, como es usual, a los directamente implicados en ella y no acordar respecto a su conveniencia con los Ministros de las áreas correspondientes. En cuanto al fondo, por entenderse que no alienta inversiones en el sector y afecta derechos adquiridos por los propietarios de tierras rurales, que verían afectados los valores de las mismas. De aprobarse estas modificaciones, que atentan contra la seguridad jurídica -el régimen actual sobre el tema rige desde 1989-, se acrecentarían las demandas por responsabilidad legislativa, con los consiguientes perjuicios para el Estado.

Para quienes apoyan el proyecto, casi todos ellos ahora opositores a las papeleras internacionales, se trata de impedir que el país se transforme en un bosque, así como evitar, sostienen airados, la extranjerización de la mayor parte de sus tierras.

No es nuestro propósito ni nuestra competencia, dar razón a unos u otros. En su momento las plantas celulósicas fueron apoyadas por todos los partidos. Si así no fuere no se habrían implantado. Hoy, en una actitud de resonancias arcaicas, muchos de ellos lo deploran. Los países no se extranjerizan, se atrasan. Sin los puntos del PBI generados por las empresas celulósicas, la situación económica del país, resultaría probablemente más comprometida de lo que ya es actualmente. Ello no descarta que la economía rural hubiera podido emprender otros caminos de desarrollo.

Pero más allá del fondo de este debate, lo sorprendente es ver como la izquierda frentista, en sus expresiones hoy dominantes, ha regresado a un rancio nacionalismo coincidiendo con la ultraderecha cabildista.

Se trata de un rasgo compartido que acerca a ambos extremos de su ideología y los hermana en un populismo, aún no predominante, pero cada vez más notorio en ambos extremos.

Por su lado, la defección de los cabildantes, exhibe otra vez las debilidades de la coalición gobernante. No cabe sorprenderse por el hecho. Blancos, colorados e independientes constituyen un acuerdo de centro, contrario a los radicalismos de derechas definidas. Por más que lamentablemente para sus intereses, no pueda prescindir de su aporte sin perder las vitales mayorías legislativas.

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