Hebert Gatto
Hebert Gatto

El Frente Amplio en el diván

Comparando la primera vuelta de las elecciones de octubre de 2019, donde se elegían representantes de partidos al Parlamento con su similar del 2014, se constata que el Frente Amplio rebajó su votación en alrededor de 200 mil votos.

El suceso pudo disimularse con los resultados de la segunda vuelta, una puja binaria entre candidaturas (no entre partidos), donde al estrecharse la ventaja final esto fue publicitado como un heroico repunte. Aún así el Frente, cuestionado en su triunfalismo, hoy afronta una derrota no menor.

En ese sentido resulta revelador analizar cómo los frentistas justifican lo sucedido, si bien, por lo que ya han adelantado están lejos de advertir que es su propia concepción de la política la que explica su derrota. Enredados en una herencia dogmática les resulta imposible concebir su coalición como lo que debería ser. Una conjunción de partidos inmersa en el proceso político cuya función es intermediar entre lo privado y lo público mediante una relación compleja que se nutre de ambos extremos e impide su mutua subordinación.

Así como tampoco aceptan, que como todo partido, puedan perder y ganar. Abroquelados en concepciones que definen a priori lo justo y lo bueno colectivo, no logran comprender que el pueblo uruguayo haya decidido que no es bueno que sigan gobernando. Del mismo modo que no entienden que en un estado pluralista el modelo social no es patrimonio de ninguna teoría sino que se conforma de manera dialógica y consensual.

El irresuelto problema para la mayoría de la izquierda es que se mantiene alérgica al individualismo filosófico liberal lo que le impide trascender el añoso principio de que la conciencia política, como si se tratara de un objeto preexistente, solo la conoce y administra su partido. Para ella el único capacitado para superar la explotación capitalista, extremo que define intolerable. De allí que ese exclusivismo no varía si, como aquí es el caso, se trata de una coalición política no enteramente proletaria. En algún momento, predicen, la vanguardia asumirá el control.

Esta inmutable concepción, compartida por todos los marxistas, es la misma que en su momento impulsó a la guerrilla y sigue grabada a fuego en el inconsciente del FA. Por más que ella no le evite dudas sobre su propia naturaleza.

Los frentistas de a pie alegan ser un partido con sectores; algunos dirigentes jugados a la definición canónica, lo definen como un acuerdo coalicional con militantes independientes. Los marxistas mayoritarios, digan lo que digan, saben que se trata de un Frente Grande, adecuado a la presente etapa del avance hacia la sociedad sin clases. La Academia habla de “partido complejo”, ignorando que en él, la opinión decisoria, la tienen los partidos. De hecho, se trata de una coalición cuya dirección directa la tienen los partidos más votados y encubiertamente los mejor representados en las “bases”. Desde hace largo tiempo la suma del PCU y el MPP.

En este clima interno, procurando cuadrar el círculo, se acumulan las críticas militantes: el Frente: descuidó su relación con las bases; manejó inadecuadamente las relaciones entre gobierno y partido; permitió desviaciones éticas; albergó demasiados sectores; se distanció del Interior de la República; eligió mal sus candidatos; no comunicó sus logros... Casi todas referidas a problemas de organización y funcionamiento, comunes a cualquier grupo que durante quince años gobernó un país. Nunca, con mínimas excepciones que consideraremos, se le enrostran los graves disparates económicos de su segunda administración (Ancap, Aratirí, Gasificadora, Puerto de Aguas Profundas, etc.), ni se observa que en la tercera de ellas el Frente, sumergido en la atonía, perdió novedad, coherencia y apoyo entre los uruguayos. Quizás porque, siendo ya notorio su desconcierto doctrinario, no pudo ni puede definir con claridad cual es su real modelo político, económico y social. Sin que tampoco lo auxilie que en el mundo de hoy el populismo sustituya o remede al desgastado sustrato marxista, notorio en la proliferación de redes y movimientos sociales. Por más que ello, en contra de lo que parece, no disminuya la centralidad de la vanguardia partidaria.

Aún así la historia no pasa en vano e incluso en Uruguay, a la larga, las crisis de fundamento de los movimientos políticos no son inocuas. Mucho menos cuando comprenden todo un sector del pensamiento político como la izquierda. El primero que reaccionó frente a tantos consuelos críticos, celoso de su tradición, fue el Partido Comunista del Uruguay, “vanguardia del proletariado uruguayo”, con ella coincidió el documento de consenso elaborado por el propio Frente, ambos señalando que en la región existió “incapacidad para avanzar en reformas estructurales” e “insuficiencia para construir una perspectiva estratégica superadora del capitalismo”.

En parecido sentido el PS planteó que el FA hizo “concesiones ideológicas”, ejemplificadas con la aparición de UPM mientras, desde las antípodas, el minoritario Frente Renovador de Mario Bergara, expresó que la coalición fue creada para otro mundo que ahora debe renovarse. Agregando que el marco teórico y metodológico utilizado en el pasado está vetusto y que la concepción científica (léase marxismo) se ha transformado en “dogma religioso.”

Con semejante batiburrillo ideológico, donde las contradicciones embisten, cuesta pensar no solamente que el FA sea un partido político unificado, sino que aun como coalición sea capaz de ofrecerle a la ciudadanía una doctrina adaptada a los tiempos coherente con un programa político. El siglo XX demostró las falencias del marxismo y la imposibilidad, en comunidades democráticas, del socialismo que prometía. ¿Es pensable avanzar hacia él como pretende el PCU, el PS, el MPP o las Bases y pensar que omitirlo fue un error, o debe asumirse que tales objetivos, aun dilatados, son “resabios religiosos”, alentados por un teoricismo relegado al pasado?

¿No será su propio anacronismo y confusión los que a la larga decretaron la derrota del Frente Amplio? ¿O habrá que retornar al enigmático “capitalismo frentista” que estimula inversiones privadas, denuesta a los empresarios y al unísono prende velas al socialismo?

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