Hebert Gatto
Hebert Gatto

El Frente Amplio según Astori

En la edición de Búsqueda del 6 de octubre el ministro de Economía defendió su gestión durante los sucesivos gobiernos del Frente Amplio. Un lapso durante el cual su aporte técnico resultó central. De allí la importancia de su visión sobre la naturaleza del Frente.

En la edición de Búsqueda del 6 de octubre el ministro de Economía defendió su gestión durante los sucesivos gobiernos del Frente Amplio. Un lapso durante el cual su aporte técnico resultó central. De allí la importancia de su visión sobre la naturaleza del Frente.

Sin embargo, aún aceptando que sus manifestaciones son las de un político en actividad, deben reputarse incompletas porque eluden mencionar su elemento clave: el que define la esencia del Frente como coalición. Esto es, la naturaleza de sus oposiciones internas. Que no provienen de diferencias entre hombres, frecuentes en cualquier grupo político, sino entre ideas. Entre las diversas concepciones políticas que coexisten en su seno y que si durante los períodos de bonanza económica atenúan su presencia, emergen tan pronto surgen las inevitables dificultades económicas. Tal como siempre ocurre cuando un gobierno se prolonga. Algo que el ministro, que admite que mantuvo diferencias con la OPP, con varios subsecretarios y con la orientación de las empresas públicas, y que prefiere a Vázquez que a Mujica, dada esta omisión, no acierta a explicar.

El Frente Amplio surgió en el Uruguay como un acuerdo de grupos de izquierda, corolario de un largo período de estancamiento económico y de ocaso de los partidos tradicionales. En suma, una coalición inspirada por el Partido Comunista dentro de su política de frentes populares, con hegemonía de este partido y por tanto con el marxismo como ideología subyacente. Tal la cultura política ambiental de la izquierda predominante en ese momento de la que pocos grupos escapaban. De modo que a casi todos les subyacía la idea de una socialización de la economía como objetivo final, aún cuando se diferenciaran en los caminos para alcanzarla. En un matiz de larga vida.

Cuando a fines de los ochenta colapsó la Unión Soviética, si bien decayó la hegemonía del Partido Comunista, la izquierda uruguaya sintió el impacto de esta caída y dulcificó su programa. Lo que significó que cuando accedió al gobierno se había convertido en una coalición con un programa reformista de mínimos, pero aún así, pese a sus diferencias, conformada por partidos fuertemente ideologizados. Un extremo que, ganado el gobierno, intensificó la tensión entre práctica y discurso, y entre los propios sectores de la coalición, sobre las vías para el cambio y su naturaleza.

Esta característica, poco notoria durante la primera administración frentista, comenzó a emerger en la segunda, para intensificarse en la actual. El gobierno de José Mujica implicó que el MPP y sus socios más radicales reclamaran mayor participación. Especialmente, además, cuando esta parece perder adhesión ciudadana.

Tal la presente situación, donde el Frente, Presidente de la República incluido, aparece dividido, no por problemas idiosincráticos o coyunturales menores, como sugiere Astori, sino por profundas diferencias ideológicas, entre su subcoalición y los restantes coaligados. De allí las distancias en temas como educación, inserción internacional, seguridad o economía, todas producto de sus encontradas visiones ideológicas. Ignorarlo, como parece hacer Astori, es no entender al Frente Amplio.

O, lo que es peor, entenderlo y callarlo.

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