Hebert Gatto
Hebert Gatto

Elecciones como torneo de ingenios

No parece que las repetidas torpezas públicas, seguidas de horrores idiomáticos, del inefable Presidente Mujica, afecten las posibilidades de triunfo del aspirante Vázquez. Pese a que ambos se apoyan como hermanos de leche.

Días pasados Mujica luego de tratar de "boludos" a los estudiantes uruguayos recomendó a sus padres mantener una "buena educación", dado que, recordó, la cultura y la enseñanza, no competen exclusivamente a maestros o profesores. Asimismo se supo que la calificación de "viejos hijos de p…" a los mandatarios de la FIFA, fue puntualmente recogida en la acusación de ese organismo encargado de juzgar al pobre Luis Suárez. Una apreciación presidencial que según sus defensores mucho no lo ayuda. Por más que el Presidente, a fuerza de barbaridades goza de una suerte de indemnidad que le agrega popularidad a sus intervenciones, tanto que hasta al Nobel lo postulan. Por más que no sea igual la fortuna de su predecesor y eventual sucesor, el agobiado Tabaré Vázquez.

No parece que las repetidas torpezas públicas, seguidas de horrores idiomáticos, del inefable Presidente Mujica, afecten las posibilidades de triunfo del aspirante Vázquez. Pese a que ambos se apoyan como hermanos de leche.

Días pasados Mujica luego de tratar de "boludos" a los estudiantes uruguayos recomendó a sus padres mantener una "buena educación", dado que, recordó, la cultura y la enseñanza, no competen exclusivamente a maestros o profesores. Asimismo se supo que la calificación de "viejos hijos de p…" a los mandatarios de la FIFA, fue puntualmente recogida en la acusación de ese organismo encargado de juzgar al pobre Luis Suárez. Una apreciación presidencial que según sus defensores mucho no lo ayuda. Por más que el Presidente, a fuerza de barbaridades goza de una suerte de indemnidad que le agrega popularidad a sus intervenciones, tanto que hasta al Nobel lo postulan. Por más que no sea igual la fortuna de su predecesor y eventual sucesor, el agobiado Tabaré Vázquez.

Según la encuesta electoral de Factum realizada el día 7 de agosto, el Frente tiene una intención de voto del 41%, el Partido Nacional de 31%, el Partido Colorado alcanza el 15%, mientras el Partido Independiente concita un 3% de apoyo, con la particularidad que la izquierda frentista viene cayendo ininterrumpidamente, mientras sus opositores crecen en cada medición. Según los encuestadores, "se abre la brecha entre partidos tradicionales y el Frente Amplio", lo que hace del balotaje una instancia que parece segura. Mucho más cuando se repara que los desencantados del FA "comienzan a cruzar el muro", dicho esto sin doble sentido.

Días pasados un buen amigo me decía que más allá de cualquier evidencia empírica, tenía la convicción que el Frente no gana las próximas elecciones. Sostiene que, en términos de teoría de la comunicación, el mensaje frentista ha saturado su código y se ha vuelto ininteligible, mientras que su contendor Lacalle, que ha sido capaz de innovar, cambiándolo, lo obliga a seguirlo de atrás. Lo que cuenta en este caso no es tanto lo que se dice, sino el estilo comunicacional.

Yo no sé si en los términos planteados este enfoque acierta en su predicción, mi amigo tampoco, pero no tengo dudas que en lo referido a cómo se comunica, quién comunica, cómo utiliza la voz y la apariencia física, Lacalle lleva la ventaja. Y no porque sea más joven, más apuesto o más lúcido, sino porque el candidato frentista parece haber aceptado de antemano su derrota y haberse avejentado aceleradamente como consecuencia de ello. Tal como si las tiradas de su retador, sumadas al demérito intelectual derivadas de su incapacidad para debatir, lo abrumaran más de la cuenta.

Repárese por ejemplo, en la boutade lacallista de la bandera, las farfullas de Vázquez y la tardía imitación del frentista Polgar, plúmbea respuesta por interpósita persona a la acrobacia del rival, o en la invitación a la bulé o consejo de ancianos realizada por el herrerista a los expresidentes, donde el candidato frentista pisó el lazo descalificando al padre de Lacalle, y no, si hubiera usado su ausente ingenio, al real autor de la picardía.

En síntesis y para decirlo sin ambages, cunde la sensación y eso es lo que importa en la psicología de masas, que todo lo que era frescura, originalidad, novedad y desparpajo emigró de las tiendas frentistas. Una consecuencia del desgaste del poder y del desánimo del candidato que lo empuña.

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