Hebert Gatto
Hebert Gatto

Dejemos actuar al tribunal

En la Argentina nadie duda que el estado, imposibilitado de cumplir un fallo que lo obliga a desembolsar millones de dólares para los tenedores de bonos atraviesa un momento complicado de su historia. Carente de medios para abonar esa suma sin comprometer sus reservas, se duda entre declarar su imposibilidad de pago ante un seguro default, o negociar en las peores condiciones con acreedores inclementes. Una visión que seguramente los representantes legislativos no previeron cuando, en una sesión tumultuosa, decidieron entre gritos de entusiasmo que nada abonarían al exterior.

Tampoco parecen recordarlo nuestras autoridades, que pese al conflicto con los argentinos por la eventual contaminación en Gualeguaychú, se oponen al fallo por los bonos y así lo declaran solícitos. Omiten que Uruguay acaba de refinanciar su deuda pública y que alcanzaría que todos actuaran como nuestros vecinos, para que ningún crédito internacional resultara posible.

En este sentido el nacional

En la Argentina nadie duda que el estado, imposibilitado de cumplir un fallo que lo obliga a desembolsar millones de dólares para los tenedores de bonos atraviesa un momento complicado de su historia. Carente de medios para abonar esa suma sin comprometer sus reservas, se duda entre declarar su imposibilidad de pago ante un seguro default, o negociar en las peores condiciones con acreedores inclementes. Una visión que seguramente los representantes legislativos no previeron cuando, en una sesión tumultuosa, decidieron entre gritos de entusiasmo que nada abonarían al exterior.

Tampoco parecen recordarlo nuestras autoridades, que pese al conflicto con los argentinos por la eventual contaminación en Gualeguaychú, se oponen al fallo por los bonos y así lo declaran solícitos. Omiten que Uruguay acaba de refinanciar su deuda pública y que alcanzaría que todos actuaran como nuestros vecinos, para que ningún crédito internacional resultara posible.

En este sentido el nacionalismo resulta el peor camino y la historia universal de los últimos siglos es el mejor recordatorio de las trampas y aporías a las que conduce su mal manejo. Lo que en modo alguno significa que los países no deban mostrarse rigurosos cuando defienden su soberanía. Estando en juego la independencia nacional, la actitud uruguaya solo debería procurar la defensa razonable de su autonomía sin perjuicio de brindar, por razones de justicia, garantías de no contaminación a los dañados.

Lo que en términos morales significa que siguiendo la regla de oro el pueblo de Fray Bentos recibirá (además de beneficios) la misma eventual polución que descarga sobre Gualeguaychú. O ninguna como ideal. El asunto se actualiza nuevamente porque Uruguay, luego de las consultas y pasos previstos en sus leyes, autorizó a que en su territorio se incrementara el porcentaje de producción de celulosa.

Ello bajo la obvia exigencia previa de no contaminar el ambiente y en tanto nada establece el fallo de La Haya que obste, impida o limite, el monto máximo de producción de hasta un millón trescientas mil toneladas. Siendo el único limitante el aumento en la polución debidamente probado por la Argentina.

La respuesta de esta, calificó como gesto inamistoso la autorización otorgada y confirmó la "ruptura unilateral" del mecanismo de información y consulta previa del Estatuto del Río Uruguay, que llevará, agrega en torva amenaza, a revaluar, hacia el futuro, "todas las políticas de relacionamiento bilateral". Para concluir expresando que el diálogo con Uruguay se encuentra "agotado" y prometiendo recurrir nuevamente a la Corte de La Haya. Lo que a su vez motivó otra larga respuesta del Canciller Almagro reiterando, sin mucha ilusiones, la urgencia de un diálogo que Argentina imposibilita con reiteradas dilaciones.

No mucho más se puede agregar respecto a un conflicto donde los intervinientes, no han querido escucharse y mucho menos atenerse a razones. Quizás porque el diálogo con los populismos no sea fácil o los prejuicios se impongan a las razones. Por eso, lo adecuado pudiera ser dejar que sea la Corte quien resuelva. Tratándose, como es el caso de un tribunal independiente rodeado de sólidas garantías cuya legitimidad y objetividad no merece tachas. Asumiendo que lo deseable, cualquiera sea el contenido del nuevo fallo, es que el mismo se coloque por fuera de la hermandad entre uruguayos y argentinos evitando excesos nacionalistas.

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