Hebert Gatto
Hebert Gatto

La condena uruguaya a Israel

Para el gobierno uruguayo los ataques del ejército israelí en la Franja de Gaza constituyen una "respuesta desproporcionada" a los cohetes lanzados por Hamas sobre su territorio; luego, en un segundo y más duro comunicado hace público, "su más profunda consternación por el repudiable ataque" dado que no es admisible que la población civil sea atacada, "un crimen de guerra" susceptible de juicio.

Por su parte, José Mujica, secundado por Tabaré Vázquez calificó las acciones israelíes como genocidio, advirtiendo que las mismas podían generar odio contra Israel. En ese contexto aparecieron pintadas descalificatorias denunciando a los judíos como agresores e instándolos a abandonar el territorio uruguayo, lo que a su vez generó dos declaraciones unánimes del Parlamento, una condenando tales manifestaciones y otra instando a las partes a solucionar pacíficamente sus diferencias. Actualmente palestinos e israelíes usufructúan una tregua que procuran extender a una paz definitiva con

Para el gobierno uruguayo los ataques del ejército israelí en la Franja de Gaza constituyen una "respuesta desproporcionada" a los cohetes lanzados por Hamas sobre su territorio; luego, en un segundo y más duro comunicado hace público, "su más profunda consternación por el repudiable ataque" dado que no es admisible que la población civil sea atacada, "un crimen de guerra" susceptible de juicio.

Por su parte, José Mujica, secundado por Tabaré Vázquez calificó las acciones israelíes como genocidio, advirtiendo que las mismas podían generar odio contra Israel. En ese contexto aparecieron pintadas descalificatorias denunciando a los judíos como agresores e instándolos a abandonar el territorio uruguayo, lo que a su vez generó dos declaraciones unánimes del Parlamento, una condenando tales manifestaciones y otra instando a las partes a solucionar pacíficamente sus diferencias. Actualmente palestinos e israelíes usufructúan una tregua que procuran extender a una paz definitiva con la muerte de aproximadamente dos mil personas y miles de heridos, la gran mayoría palestinos.

No es propósito de este cronista, distribuir responsabilidades por lo que ocurre en dicha Franja, hoy bloqueada por los israelíes a consecuencia de la lluvia de cohetes que se lanzan desde la misma contra su país. Sí lo es consignar la tragedia humana que se vive allí y en Transjordania, consecuencia de la incapacidad de las partes, transcurridas varias guerras, de lograr la formación de un estado palestino viable. Condición indispensable para ello es que los vencedores admitan, pese sus triunfos militares, el surgimiento de tal estado y los vencidos deponiendo fanatismos, acepten que su país ya no tendrá una extensión similar a la anterior a 1948. Las fronteras de 1967, sin asentamientos, parecen, como preconizaba Ariel Sharon, una solución razonable.

Esa realidad, cercana en Oslo en el 2002, no parece que pueda conseguirla ni el gobierno del Likkud ni, obviamente, ninguno de los partidos políticos religiosos, entre ellos Hamas, sea cual sea el bando donde militen. El estado de Israel ha costado a los judíos seis millones de muertos y dos mil años de espera, por supuesto resulta irreversible; el estado palestino supone una justicia mínima, aunque a ambos bandos les cueste aceptarlo.

Esto dicho así, casi administrativamente, puede no ser el mejor lenguaje, el más comprensivo para un amigo de los judíos, uno de los pueblos más admirables de la tierra, tal como yo lo siento. Sin embargo, a estas alturas, con tanta irracionalidad acumulada por ambos lados, parece la única forma viable. Hay que despojar a este conflicto del exceso de emoción (pese a su inhumanidad) y resolverlo rápido y de un modo radical, porque la guerra es terrible y nunca decide realmente. Lo que asimismo debe rechazarse es que un país como Uruguay se coloque en el papel de corte internacional y emita veredictos de justicia, amenazando con juicios y sanciones. Al igual que es condenable que su presidente, que debería tener un mínimo conocimiento de derecho penal internacional o en su defecto preguntar, condene a Israel por genocidio, sin saber cuanto le costó a Lemkin, el jurista polaco creador del delito en 1948, definir esa figura. Semejante dislate es un error que ni Uruguay ni Israel, se merecen. El antisemitismo emergente, una vergüenza que a menudo sí motivamos.

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