Hebert Gatto
Hebert Gatto

El amanecer de un nuevo tiempo

No sin esfuerzo la coalición de los cinco consiguió coincidir en el nombre de un candidato común para las elecciones de Montevideo.

Un acuerdo valioso, considerando la novedad de esta coalición, que por cierto no logró el Frente Amplio que participará con tres candidatos, reflejando sus severas diferencias internas. Eso no significa que la nueva fuerza no albergue a su vez distintas orientaciones: existen y van desde la izquierda a la derecha del espectro, pasando por el centro mayoritario. Afortunadamente no parecen transitar por el cuestionamiento de la democracia liberal. Una característica de la que el Frente Amplio no puede ufanarse. Su populismo puede llegar a valorar las mayorías pero no comulga con el respeto a las minorías ni con las sutilezas de las instituciones democráticas. Lo mismo, más nítidamente aún, ocurre con sus sectores leninistas, donde el clasismo y la revolución proletaria, por más que aplazada, domina sus prioridades.

La ley de urgencia, de factura tan reciente que sus autores ni siquiera ocuparon aún el gobierno, domina el panorama político como prólogo de lo que vendrá. Las críticas arrecian, la encabezan sindicatos, movimientos sociales, intelectuales orgánicos, murgas y obviamente la oposición de izquierda. O la sociedad organizada, como gustan autobautizarse los frentistas. No puedo quitarme la imagen del dirigente comunista Juan Castillo, advirtiendo iracundo que derogar la ocupación de los lugares de trabajo, constituye una grave inconstitucionalidad. Al docto Danilo Astori augurando un grave retroceso civilizatorio de los orientales. O a los iracundos dirigentes de la central sindical adelantando que los enemigos del progreso serán derrotados. Como si por tratarse de una ley de rápida consideración ya contuviera las semillas del mal.

Sin embargo, más allá de la retórica tremendista no logro advertir por qué razón resulta tan maléfica una ley que será sancionada con el apoyo de las mayorías partidarias recientemente electas. Todo se objeta de ella, la ley, afirman, legaliza el gatillo fácil, amplía la legitima defensa, elimina el monopolio de Ancap, limita el derecho de huelga, desata una represión irracional frente al delito, aumenta los procesos penales, ataca la autonomía universitaria, reduce la participación de los docentes, prioriza al mercado frente al estado, en síntesis, concreta en su primera etapa, el progresivo desarme de los logros de quince años de gobierno de izquierda rebajando -denuncian-, a su logro fundamental: el estado social de derecho.

Los pronósticos no pueden ser más siniestros, quienes los profieren parecen olvidar que el pueblo uruguayo recién los separó del gobierno. Lo hizo por su pésimo desempeño en aspectos vitales de la vida del país: la fragmentación social, la economía, la seguridad pública, la educación, la salud, los equilibrios fiscales y la convivencia ciudadana. ¿No será necesario innovar en cada uno de esos temas? No habrá que corregir los faraónicos fracasos de la Triple A: “Ancap, Aratirí y Aguas Profundas”.

¿Qué decir de la Gasificadora y de Aire Fresco”? ¿Cuánto explican de nuestra actual deuda pública? Tal la razón por la cual la ley es larga y nutrida, busca solucionar, tan rápido como pueda, los múltiples desastres de la gestión frentista.

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