Gustavo Penadés
Gustavo Penadés

Pasando raya

La consideración de la Rendición de Cuentas 2019 tiene directa relación con el manejo de las cuentas públicas en dicho ejercicio, pero también significa pasar raya al ciclo político que comenzó en 2005.

Mirando las cosas desde esa perspectiva, el último ejercicio es apenas una anécdota. El Frente Amplio entregó el gobierno con un déficit fiscal de un 5%, fuertemente endeudado, con una presión tributaria altísima y con el desempleo alto y creciendo. Esta era la situación al 1° de marzo antes de la pandemia.

Cuando analizamos los números de los sucesivos presupuestos y rendiciones de cuentas, nos encontramos con que nunca se llegó al equilibrio fiscal; nunca el país dejó de aumentar su deuda y nunca dejó de aumentar su gasto corriente. Pudo hacerlo porque le tocaron, por lo menos, diez años en que la coyuntura mundial y regional generaron un increíble crecimiento de la actividad económica. La situación empezó a cambiar y para los últimos años el panorama ya era muy diferente.

Sería poco serio afirmar que todo se hizo mal. Lo que pasó es que no se procedió con la diligencia del buen padre de familia. Cuando le reclamábamos a los ministros que era necesario tratar de ahorrar para las épocas malas que seguramente iban a llegar, se nos reían. Lo mismo, cuando insistíamos en la regla fiscal. Nos respondían que la regla fiscal estaba marcada por el tope del endeudamiento. A lo largo de los años la tónica general fue la mala gestión. Se despilfarró en aventuras que todos conocemos de memoria: desde PLUNA a la crisis de ANCAP, pasando por el FONDES y la regasficadora. Hubo, por cierto, otras decisiones de gobierno equivocadas, como la reforma del régimen jubilatorio y su implementación, llevada adelante contra las opiniones técnicas más calificadas y que aumentó significativamente la necesidad de asistencia del Estado. Año tras año también se erró en las proyecciones. Se construía una realidad que a la postre estaba equivocada. Así, con el crecimiento del PBI, la inflación, el endeudamiento, el déficit fiscal, etc.

Con respecto al déficit, por el ejemplo, en el Presupuesto 2015 se afirmaba que al final de período se llegaría al 2,5%. No deja de ser una ironía de que, al salir de la crisis del 2002, el Dr. Batlle entregó el gobierno con un déficit fiscal del 1,9%. Se estaban dejando atrás momentos terribles en el marco de una crisis que tuvo costos sociales y económicos tremendos y, sin embargo, el país crecía y el déficit estaba controlado.

En estos años hubo mucho de voluntarismo; de creer que volcando dinero, pero sin cambiar la gestión, se conseguiría alcanzar los objetivos. Se cedió ante grupos de presión que imposibilitaron cambios en muchas áreas del Estado. No se mejoró la calidad del gasto ni se buscaron mayores grados de eficiencia.

El Frente Amplio entregó un país con muchos problemas. Un déficit acumulado de 18 mil millones de dólares, un desempleo alto, tarifas públicas caras, una presión tributaria sobre la población y los sectores productivos que no soporta más aumentos. Este panorama de por sí muy complicado se va a ver agravado por los efectos del Covid 19.

Ahora, todo eso ya es parte del pasado y no puede modificarse. Lo presente y lo futuro son lo importante y, para esto, está el Partido Nacional haciéndose cargo.

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