Gustavo Penadés
Gustavo Penadés

El futuro Estado

La decisión de Ancap de finalizar su participación en el mercado de las bebidas alcohólicas, en otro contexto político hubiera generado movilizaciones interminables.

Sin embargo, el cierre de esta división, que hasta el año 1995 tenía el monopolio del alcohol, no generó mayores conmociones, después de 87 años de la ley de creación del ente industrial. Recordamos que entonces, al proyecto de constitución del ente autónomo el Herrerismo oponía la alternativa de una organización cooperativa, similar a la que, cuatro años después, se adoptaría con éxito en Conaprole.

Lejos estamos de aquellos tiempos en que el Estado crecía imparable ocupando múltiples aspectos de la vida económica nacional. Sin embargo, los ciudadanos y los sectores productivos alzan cada vez más alta su voz reclamando la reducción del peso del Estado.

Cuando la situación económica era otra y el crecimiento parecía eterno, el asunto pasaba más desapercibido, pero hoy, cuando los números no cierran, el panorama se va tornando insostenible.

Ese peso del Estado se siente tanto por lo que significa de impuestos y otras cargas, como por los servicios deficientes que devuelve; lo que termina obligando a un gasto extra para suplir por vía privada los servicios que el Estado no presta. Esto es clarísimo en el caso de la seguridad, y también se ve mucho en el de la educación y la salud. Las demandas concretas no se solucionan o se solucionan lentamente. Desde tarifas públicas caras, seguridad pública deficitaria o carreteras rotas.

La realidad del Estado uruguayo en sus aspectos esenciales no es muy diferente a la de hace 15 años. Algunas cosas por supuesto cambiaron; se dispuso de mucho dinero y se incorporó tecnología, pero eso no trajo una mejora sustan- cial de la gestión y de los servicios

El próximo gobierno deberá mejorar sustancialmente el funcionamiento estatal para que las cosas se hagan en tiempo y forma y a un menor costo. Serán necesarios ajustes normativos y cambios en la gestión, pero, por encima de todo, gobernantes comprometidos con sus responsabilidades.

El país necesita un Estado fuerte y moderno, consciente de que existe para servir a la sociedad y no para ser servida por ella. Ese Estado deberá, en primer lugar, cumplir con las obligaciones y servicios esen-ciales, teniendo presente que las demandas van cambiando.

Hoy, el cuidado por el ambiente, por ejemplo, es una temática que exige una más firme presencia estatal. En este marco también es vital la participación del Estado en la formulación y ejecución —cuando sea imprescindible— de políticas sociales, y otras acciones que contribuyan a la digni-ficación de las personas, quienes, en definitiva, son el fin último de la política.

Creemos que es posible reducir el peso del Estado ofreciendo a la vez mejores servicios. Esto, además de mejorar la vida de las personas, liberará recursos que impactarán favorablemente en la inversión productiva y en el trabajo. Para hacerlo se requieren planes, fijar prioridades y, por sobre todo, una firme voluntad política que el Frente Amplio ya demostró no tener.

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