Gustavo Penadés
Gustavo Penadés

Qué elegimos el 30 de noviembre

Sin apartarme del camino positivo que Luis Lacalle Pou y Jorge Larrañaga han impuesto, que encuentra cabal expresión en la idea de Wilson, de que “La única victoria que vale la pena es la que se consigue… no avivando enconos sino alumbrando alegrías”, quiero marcar cuáles son las principales diferencias de las propuestas entre las que se deberá elegir el 30 próximo.

Sin apartarme del camino positivo que Luis Lacalle Pou y Jorge Larrañaga han impuesto, que encuentra cabal expresión en la idea de Wilson, de que “La única victoria que vale la pena es la que se consigue… no avivando enconos sino alumbrando alegrías”, quiero marcar cuáles son las principales diferencias de las propuestas entre las que se deberá elegir el 30 próximo.

Por supuesto que las diferencias están en un manejo de la economía más cuidadoso y equilibrado, que, sin reducir la ayuda social, contenga el déficit y la inflación, así como el endeudamiento que significa una carga para nuevas generaciones. También en que seremos más eficientes en el gasto público, para que, manteniendo el nivel de justicia del salario real, podamos aplicarnos a realizar las tareas indispensables en la infraestructura nacional. Todo ello, sin aumento de impuestos.

Comprometidos, asimismo, a erradicar los asentamientos y la marginalidad, que no han sido eliminados en un supuesto gobierno progresista, a pesar de la enorme bonanza que administraron. De igual modo, estamos empeñados en una verdadera revolución en la educación, que ponga a nuestros niños en el camino de la verdadera igualdad en sus oportunidades.

Y en que el Sistema Nacional Integrado de Salud sea verdaderamente nacional, es decir para todos, y realmente integrado, es decir abarcando por igual a todas las instituciones que la prestan. Ni qué decir en que estamos embarcados en resolver el drama de la inseguridad. Tenemos los sistemas aptos para lograrlo y las personas competentes para llevarlos a cabo.

En todos esos planos somos creíbles, a diferencia de la propuesta frentista que ya ha fracasado en esas áreas. Pero, con ser lo anterior importante para la mejor felicidad de los uruguayos, está lejos de la más trascendente de las diferencias entre las que tenemos que elegir el 30.
Lo que está en juego es hacia dónde se encamina el Uruguay: si hacia la profundización de un régimen populista que lleva inocultablemente hacia el autoritarismo, o hacia la recuperación de las mejores tradiciones nacionales de Libertad, República, Democracia y respeto al Estado de Derecho.

Elegiremos entre un régimen de Partido Único, dominado por el Presidente Mujica, que divide y enfrenta cada vez más a la sociedad, y la propuesta de unión entre los orientales, que ofrecen Lacalle Pou-Larrañaga.

Entre un régimen que insiste en controlar al Poder Judicial y a los medios de comunicación para llegar al poder total, y el respeto y defensa de la Libertad y la separación de Poderes. En toda la campaña se ha notado la diferencia entre el estilo fresco, transparente, alegre y confiable de la fórmula Lacalle Pou-Larrañaga, frente a el silencio, la opacidad, el ocultamiento, la negativa a debatir de Vázquez-Sendic, que son más de lo mismo.

Por eso, los Colorados, Blancos, Independientes -que quieran hacer del voto de Mieres el 16 decisivo en un gobierno de coalición plural y no el 15 inútil de una oposición desplazada- los votantes no convencidos o desalentados del Frente Amplio, los miembros de otras colectividades, y los ciudadanos que votaron en blanco o anulado, saben que serán responsables de que el Uruguay se reencauce, o no, en una convivencia que permita construir un Uruguay de valores, entre los que se destaque el respeto irrestricto por la persona y la opinión del otro.

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