Gustavo Penadés
Gustavo Penadés

El ciudadano como centro

El ministro Rossi dijo la semana pasada que si AFE no se transforma terminará por cerrar. La empresa viene de más de 20 días de conflicto durante el que no se transportaron ni pasajeros ni mercaderías, por lo menos en el sur de país.

Al mismo tiempo, el gobierno insiste en que la obra del ferrocarril para UPM seguirá adelante, siendo una de las posibilidades la de que una empresa privada extranjera sea quien opere el ferrocarril. Pero, mientras tanto, AFE sigue paralizada, sin cambios significativos en estos años, más allá de los anuncios de inversiones en equipos y obras.

Por otra parte, el Presidente de la República usó la excusa del nepotismo para terminar con la dirección de ASSE. La gestión del organismo está siendo investigada por las graves irregularidades que se vienen verificando desde hace años, pero, recién ahora ante una situación totalmente menor -a la luz de lo que se ha venido denunciando- se decide a hacer algo.

Estos ejemplos ilustran bien la necesidad que tiene el país de una verdadera transformación de la administración pública. En los casos referidos, seguramente existen muchas alternativas para mejorar la gestión de los organismos. No es este el momento de presentar proyectos concretos, pero lo que está claro es que el tema no da para más. El ferrocarril está en una situación que parece terminal. Se continúa invirtiendo, lentamente, en un ferrocarril que ya no es de este tiempo -las vías se reparan para los tonelajes que no son los actuales- apostando a UPM para que las cosas en algún momento cambien. ¿Y si no se instala?

Lo deseable sería que se trabajara en un plan alternativo, pero no es así. Y, como al gobierno no le gusta (y no puede) pelearse con el Pit-Cnt, se tolera cualquier cosa, al extremo de que alegremente se acepta parar el transporte de carga y pasajeros por un problema con cuatro trabajadores.

ASSE sigue creciendo y parece incontrolable. Año tras año, en los presupuestos y rendiciones de cuentas se crean y recrean estructuras asignándose recursos al Ministerio de Salud Pública y a ASSE para planificar y controlar, pero los resultados no aparecen.

Quienes sufren la mala gestión de estos organismos son quienes usan sus servicios. De ellos nadie se acuerda cuando se hacen los paros, o no se solucionan sus problemas. En muchos casos son las personas que más ayuda necesitan. Seguramente no lo sea quien contrata el transporte de grandes volúmenes de carga en el ferrocarril, pero quizás sí quien usa el servicio a 25 de Agosto, y, ni que hablar, las personas que se atienden en los hospitales públicos. El panorama es muy disparar por establecimientos y áreas, pero a nadie escapan las dificultades que muchas veces enfrentan los usuarios.

Hacer a un lado los intereses corporativos y político partidarios para centrarse en el ciudadano, transformar la gestión de los servicios públicos para atender realmente las necesidades del usuario, devolver en servicios de calidad lo que se aporta por impuestos, deberán ser objetivos centrales de un próximo gobierno del Partido Nacional.

Hace unos años se decía que gobernar era crecer. A eso debería agregarse que gobernar es también gestionar bien los recursos públicos.

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