Gustavo Penadés
Gustavo Penadés

Tiempo de cambio

Todo indica que la fórmula Luis Lacalle Pou-Beatriz Argimón será la triunfadora. Cuando retomemos contacto con los lectores una nueva etapa de la vida nacional se habrá iniciado. ¡El Partido Nacional otra vez en el gobierno!

La victoria no será el fruto de la casualidad, sino el resultado del persistente esfuerzo que, contra viento y marea, Luis realizó a lo largo de los años, para trazar su propio camino, conquistar y mantener el liderazgo partidario y consolidar una coalición con los partidos más representativos de la oposición.

La coalición conformada tendrá en el Parlamento un ámbito de expresión privilegiado, sin perjuicio de las posiciones que eventualmente se detenten en la Administración. Después de tantos años de mayorías automáticas, será muy sano retomar el camino de la negociación para procurar la obtención de los acuerdos mínimos necesarios. La íntima convicción de la necesidad de tal práctica servirá, sin duda, de estímulo para la superación de las dificultades que, inexorablemente, se presentarán y que no deben asustar por ser parte inseparable de la cuestión. La clave del éxito estará en la comprensión de que lo principal es hacer un gran gobierno, y que la construcción de los liderazgos se debe fundamentar siempre en la presentación de opciones superadoras y no en la destrucción de los adversarios.

Para el Frente Amplio la derrota electoral, después de largos años de haber seguido una paciente estrategia de acumulación de fuerzas para la obtención del gobierno, no será un hecho fácil de procesar. Deberá tener la humildad de aceptar que muchos de sus votantes le dieron la espalda, y que se termina el sueño hegemónico acariciado por alguno de sus integrantes. Esta situación será más dura, todavía, para las generaciones que asomaron como dirigentes o se incorporaron a la primera línea de la actividad política en los primeros años de esta década, con un Frente Amplio concentrando la totalidad del poder y del escenario político. Por otro lado, este Frente Amplio no es el mismo, ni en su composición interna ni en sus liderazgos, que triunfó en 2004, habiendo retrocedido el peso de los sectores más moderados, a lo que se suma el recambio paulatino de su dirigencia histórica. Por lo tanto, se abre una gran interrogante acerca de como llevará adelante su rol opositor después de su primera derrota. En todo caso, es de desear que prime la sabiduría y el compromiso con el país para aceptar con madurez el recambio partidario.

Estos son algunos de los desafíos que nos presenta este nuevo tiempo, que no hace otra cosa sino poner de manifiesto la tradición democrática nacional, resultado del esfuerzo de generaciones de uruguayos, lo que nos debe de llenar de orgullo especialmente más cuando contemplamos en la región y en el mundo tantas demostraciones de intolerancia y de incapacidad para procesar democráticamente las tensiones y los conflictos sociales.

Retomando lo del principio, en pocos días podremos gritar, orgullosamente, una vez más “¡Ganó el Partido Nacional!”, y en ese grito irá el reconocimiento al constructor y responsable de la victoria, y en él, el emocionado recuerdo para todos quienes, a lo largo de los años, con la ofrenda de su militancia, mantuvieron viva la llama del Partido Nacional.

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