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Víctor Hugo Morales

Por donde uno pasaba daban ganas de quedarse. En el pasto, en ese picnic de Palermo, en los restorantes de mesas en la vereda, en el lago pedaleando lanchitas, acostado boca arriba celebrando la vida bajo ese cielo perfecto, en algún picado improvisado.

Había ganado Racing, que se ha puesto bastante pesado, resurgió Independiente como para acallar los insultos de la tribuna, se mantiene Banfield y Vélez empataría con "Ñulls", otro emocionante encuentro allá en Rosario. Faltaba que, como siempre, Boca ganara en La Plata ante el atribulado Estudiantes, pero no lo hizo y empató.

Pero allí, en el medio de la tarde del domingo, River y el lobo de Timoteo ofrecían casi todo lo que al juego se le puede reclamar. Las individualidades millonarias, y la táctica de Griguol. La fineza de "Lucho" González, o la concentración sin desmayos de Gimnasia obligando a los de River a jugar cada pelota contra dos rivales.

En ese contexto de fútbol en estado puro refutado por la grandeza colectiva se lucían los orientales Olveira y Choy González, como hombres esenciales de la heroica defensa a la que hubo de apelar el equipo tripero. Pero también oxígeno, salida, ilusión para darle a River repetidos sustos en los contragolpes.

En los primeros 25 minutos del segundo tiempo River estuvo a punto de voltearle el arco a un arquero fantástico, el cordobés Olave. Hubo un lapso en el que el partido daba risa con su 0 a 0. Pero la crónica sería injusta si no reconoce que Gimnasia —que bien pudo perder 5 a 0—, desde los 30’, acertando en los cambios, cambió el rumbo del partido, lo hizo más parejo y hasta se puso en ventaja cuando ya parecía que estaba todo el pescado vendido.

Faltando nada, de atropellada, en malón, River empató. Debió golear, pudo perder, y se resignaba a empatar. Con la conciencia muy tranquila los actores saludaron desde la mitad de la cancha. Desde los cuatro costados, la gritada tarde ofreció la gratitud de los hinchas. Por una razón u otra el resultado no les gustaba, pero la entrega, el esfuerzo y el espectaculo parecían, en ese momento, inolvidables.

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