Gina Montaner
Gina Montaner

El sinsabor del hambre

Muchos venezolanos estrenaron el nuevo año con la certeza de que 2017 puede ser aún peor bajo el sistema chavista que Nicolás Maduro está empeñado en perpetuar.

Muchos venezolanos estrenaron el nuevo año con la certeza de que 2017 puede ser aún peor bajo el sistema chavista que Nicolás Maduro está empeñado en perpetuar.

Las noticias que llegan son desesperanzadoras. A pesar de los esfuerzos de la oposición por propiciar un cambio por medio de un referendo revocatorio, la maquinaria aplastante y represiva del chavismo impide que se produzca una transición. A fin de cuentas, a Maduro y su entorno les conviene continuar enriqueciéndose desde el poder mientras la población sufre los estragos de un gobierno inepto y corrupto.

Mientras las condiciones de vida de los venezolanos descienden a los infiernos, Maduro hace declaraciones procaces sobre la desesperada situación: “La dieta de Maduro te pone duro”, y acepta que encontrar los alimentos cuya distribución controla el Ejército “cuesta una bola”. Lo que no admite el mandatario es que los Comités Locales de Abastecimiento son un nido de especulación y enriquecimiento ilícito a costa de los usuarios que ya no hallan nada en los estantes de los establecimientos.

Siguiendo el ejemplo de su mentor Hugo Chávez, Maduro repite payasadas, baila salsa en sus comparecencias, lanza amenazas y juega peligrosamente con la endeble economía. Lo triste es que las víctimas de sus despropósitos son los venezolanos que deambulan por las calles y entre los recipientes de basura en busca de algunos mendrugos y restos de comida para matar el hambre.

Después de quince años de experimento chavista, nunca se había visto tanta escasez en un país con infinitos recursos naturales. Una escasez que está afectando particularmente a los sectores más pobres que en su día votaron por y creyeron en la revolución bolivariana. Los que habitan en los cerritos y no tienen familiares en otros países que les envíen remesas, pasan hambre y sus hijos comienzan a sufrir las secuelas de la desnutrición sin una arepa (el alimento básico) que llevarse a la boca.

Nos llegan informaciones e imágenes de ancianos y niños que adelgazan aceleradamente; multitudes en estampidas que se pelean por los productos básicos; historias estremecedoras de madres que están entregando a sus pequeños a otros hogares porque ya no tienen cómo alimentarlos. Entretanto, Maduro tiene la desfachatez de permitirse bromas de mal gusto sobre la hambruna que por días debilita al pueblo.

Al gobernante venezolano le importa muy poco que, de acuerdo a una encuesta (Delphos), el 90% del chavismo y la oposición consideran que la situación está mal y que la gestión del gobierno es errada. En cuanto a los asesinatos y delitos relacionados al hambre, según la ONG “Observatorio Venezolano de Violencia”, aumentaron alarmantemente en 2016. En su huida hacia delante, el gobierno sacrifica el bienestar de los venezolanos, víctimas en su propia carne, cada vez más escuálida, de este perverso modelo chavista.

Algún día el chavismo responderá por el criminal tráfico de alimentos que su propio Ejército está manejando. Un negocio millonario con la comida que, según ha dicho un general retirado, “da más que la droga”.

Por lo pronto, 2017 llegó a Venezuela con la resaca del estómago vacío y el sinsabor del hambre.

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