Gina Montaner
Gina Montaner

Una noche en Miami

En plena pandemia, cuando los cines están casi desiertos, me aventuro a ver One night in Miami, la adaptación cinematográfica de la obra teatral homónima que en 2013 estrenó Kemp Powers. Y lo hago precisamente en Miami, donde la trama, situada en el año 1964, tuvo lugar.

Somos en total seis personas con mascarillas y esparcidas en una sala que por la escasez de público parece más grande de lo habitual. Todo un lujo para ver el debut detrás de las cámaras de la actriz Regina King (ganadora de un Oscar por su actuación en If Beale Street Could talk). Si hace un par de años me perdí la puesta en escena de One night in Miami en el histórico Teatro Colony, ahora tenía la oportunidad de ver en acción a cuatro leyendas: el boxeador Cassius Clay, el cantante de soul Sam Cooke, la estrella de la NFL Jim Brown y el activista Malcolm X.

Está documentado que la noche en que Cassius Clay venció a Sonny Liston en el ring el 25 de febrero de 1964 (convirtiéndose en campeón de los pesos pesados a los 22 años) se fue a celebrar su triunfo con Cooke, Brown y Malcolm X al Hampton House, el hotel donde éste último se había alojado para ver la pelea de su amigo y entonces discípulo espiritual. Aunque el combate tuvo lugar en Miami Beach, ninguno de ellos, por ser negros, podía permanecer en la entonces lujosa área debido al toque de queda que la comunidad afroamericana debía obedecer bajo las leyes de segregación vigentes.

En aquellos tiempos, ya inmersos en la lucha por los derechos civiles, los grandes artistas negros que actuaban en los cabarets más famosos de Miami Beach debían pernoctar en Overtown u otros barrios segregados. Así fue cómo The Hampton House, en el corazón de Brownsvillle, acabó siendo punto de encuentro de las celebridades afroamericanas que, una vez apagadas las luminarias donde deleitaban a un público mayoritariamente blanco, estaban obligadas a hacerse invisibles como ciudadanos de cuarta categoría.

En esa atmósfera de apartheid que carcomía al país a mediados de los años sesenta, cuatro hombres negros que acabarían por ser legendarios (y no por ello exentos de polémicas a lo largo de sus vidas) conversan y discuten en una modesta habitación de hotel sobre la batalla cuesta arriba de una comunidad golpeada por la brutal injusticia del racismo endémico.

A partir de un hecho, aquel encuentro con motivo de una celebración, Powers construyó un diálogo entre las cuatro paredes de una estancia. Su propia experiencia como un hombre negro en un país donde la tensión racial pervive hasta nuestros días (pensemos en las protestas que en 2020 generó la muerte de George Floyd a manos de unos policías en Chicago), le sirvieron para imaginar una noche de acalorada plática entre un grupo sobresaliente en campos distintos (el deporte, la canción, el activismo político), pero con el denominador común de vivencias que marcan para siempre. Ser un joven hombre negro en la década de los sesenta multiplicaba las posibilidades de acabar en una muerte violenta. Una realidad que, a pesar de los indiscutibles avances hacia la igualdad, sigue siendo dolorosamente cierta hoy en día tal y como indican las estadísticas.

Regina King consigue llevar a la gran pantalla una puesta en escena teatral en la que el enclaustramiento de los personajes pone sobre la mesa los complejos dramas humanos. Apoyada por un soberbio cuarteto de actores, King le confiere movimiento a las reflexiones en voz alta, que oscilan entre la militancia de Malcolm X y los dilemas de quienes han de combinar su fama en el mundo del deporte o de la canción con el compromiso social en un momento en el que comenzaba a surgir el movimiento del Black Power.

Hay instantes en los que la dinámica de estos cuatro hombres que están a punto a hacer historia escapa del confinamiento teatral (que podría ser una metáfora del aislamiento al que el racismo institucional los condenaba) y los sitúa en la gloria de un futuro más que prometedor: Cassius Clay, que está a punto antes de convertirse oficialmente al Islam bajo el nombre de Muhammed Ali, proclama a la prensa que es el mejor boxeador de todos los tiempos; Sam Cooke se perfila como el indiscutible rey del soul; Jim Brown da el salto del fútbol americano al cine en producciones de Hollywood; y Malcolm X se plantea escribir su aclamada autobiografía y romper con la Nación del Islam antes de morir asesinado un año después por miembros de dicha organización.

One night in Miami transcurre a principios de 1964, cuando los sueños de estos cuatro hombres excepcionales confluían con el impulso en las calles por el movimiento de los derechos civiles. Casi seis décadas después esos mismos anhelos resuenan en un cine semi vacío en Miami

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