Gina Montaner
Gina Montaner

El cine y el caso Nisman

Cuando casi medio millón de personas desfilaron por las calles de Buenos Aires, los detractores de CFK confiaban en que se esclarecería el caso Nisman.

Cuando casi medio millón de personas desfilaron por las calles de Buenos Aires, los detractores de CFK confiaban en que se esclarecería el caso Nisman.

Solo unos días antes de la convocatoria el fiscal Gerardo Pollicita, tras tomar el relevo de su colega en la denuncia contra CFK por presunto encubrimiento de terroristas iraníes vinculados al atentado en 1994 contra la sede de la mutual judía AMIA, había imputado a la presidenta por encontrar indicios de delito de encubrimiento.
Poco después, el juez Daniel Rafecas desestimó la denuncia, aduciendo que no había “encontrado elementos” que respaldaran el informe de 300 páginas que recopiló Nisman antes de aparecer muerto de un disparo en la sien el pasado 18 de enero. En la investigación que había emprendido el fiscal estrella de la causa AMIA, incluso se habían rastreado llamadas telefónicas del entorno de CFK con altos funcionarios iraníes. Días antes de morir el propio Nisman había dicho que provocaría un terremoto con la información que estaba a punto de presentar ante el Congreso.

A partir de su muerte, una serie de personas allegadas al fiscal han recibido amenazas, desde su propia exesposa hasta el periodista que primero dio a conocer en las redes sociales el hallazgo del cadáver de Nisman. Por miedo a correr la misma suerte, Damián Patcher, quien desde Argentina colaboraba con el diario israelí Haaretz, se refugió en Tel Aviv, asegurando que no podía volver a su país, “al menos hasta el final de este gobierno”. También se encuentra en una situación de extrema vulnerabilidad Diego Lagomarsino, el informático que le prestó una pistola a Nisman en vísperas de su muerte, ya que este temía por su vida. Hasta ahora Lagomarsino es el único imputado en esta oscura trama. Sin perder tiempo, el entorno kirchnerista ha dado a entender que entre él y Nisman había una relación y que el trágico desenlace pudo deberse a un supuesto crimen pasional, alegaciones que el informático ha calificado de puras invenciones.

Lo cierto es que CFK y su camarilla vuelven a tener un respiro después del clamor popular contra los obstáculos del kirchnerismo para que se sepa toda la verdad del atentado de AMIA y ahora del caso Nisman. Son sintomáticos de la podredumbre institucional los resultados de una encuesta reciente publicada en el diario Perfil: la imagen positiva de CFK cayó 4 puntos entre diciembre y enero, cuando ocurrió la muerte de Nisman, y se situó en el 29,1%, mientras que la negativa superó el 50%. Un dato aun más preocupante: el 50% de los argentinos cree que el fiscal fue asesinado y un 82% considera “creíble” sus acusaciones contra la presidenta.

De nada sirve que la mayoría de los argentinos esté convencida de que este gobierno es sospechoso de los peores crímenes, porque también tienen la certeza de que un sistema corrupto impide que se haga justicia.

En medio del desaliento de muchos, el productor Stan Jakubowicz, quien llevó al cine la notable Wakolda (sobre la huida del monstruo Mengele a Argentina), ha anunciado que tiene intención de trasladar a la gran pantalla el caso de Alberto Nisman. Jakubowicz ha adelantado que sería la segunda entrega de una “trilogía de la impunidad”. Ojalá que el cine desentierre lo que el gobierno argentino pretende ocultar. Nisman se lo merece.

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