Gerardo Sotelo
Gerardo Sotelo

Se paga

Los resultados de la última encuesta de Equipos deberían ser tomados como una buena noticia por la ciudadanía, independientemente de sus preferencias políticas.

La encuesta muestra al Frente Amplio en el 30% y a los nacionalistas superando al oficialismo por 4 puntos. En suma, los resultados revelan un castigo manifiesto al Frente, que no levanta cabeza y encara el año electoral al menos 14 puntos por debajo de la intención de votos que tenía a comienzos del último proceso electoral.

Lo que le están diciendo los ciudadanos al gobierno es que los errores se pagan. Esto es, que nadie tiene la vaca atada y que llegado el momento, hay que competir con buenos desempeños y candidatos, no con heladeras y algarabía. Más aún, nos dicen también que la soberbia y la inoperancia pueden tolerarse en tiempos de vacas gordas, pero no eternamente.

Así las cosas, y aunque los fanáticos no puedan percibirlo, la lógica y el sentido común derrotan a la manija, el "vamo arriba" y el wishful thinking, y eso, en un sistema político maduro como el uruguayo, es una gran noticia.

Por si hacía falta, ahora todos sabemos que si se promete no subir los impuestos y se suben, si se promete bajar las rapiñas 30% y terminan subiendo, si los homicidios no paran de crecer, se mantiene a un ministro más allá de lo razonable, se pierden 40 mil puestos de trabajo en un año, se dice que se debe bajar el déficit fiscal y no baja, y finalmente, se tiene un vice y un senador procesados por corrupción y se les administra una sanción al solo efecto de que no molesten en el año electoral, lo lógico es que el partido pierda apoyo.

El escenario es aún más complicado para el oficialismo porque su principal competidor, Luis (se omiten sus apellidos para no arruinarle la campaña de expectativa) no parece dispuesto a repetir los errores del 2014.

Pero si nada de esto ocurrió de la noche a la mañana, no fue producto de una catástrofe natural, ni de la perfidia de la oposición y los poderes oligárquicos, ¿cómo fue posible que nadie prestara atención a cuestiones tan evidentes? ¿Cómo fue posible que los observadores que señalaban estos desatinos recibieran insultos y acusaciones, mientras algunas figuras de gobierno reconocían la situación lejos de los micrófonos? ¿Por qué nadie en el Frente Amplio se animó a señalarle al presidente Vázquez que debía corregir el rumbo?

Las respuestas pueden ser muchas pero la más evidente tiene que ver con la dimensión humana del poder, esos sentimientos y acciones que se repiten a lo largo de la historia entre aquellos que alcanzan suficiente poder como para sentirse a salvo de cualquier contingencia, incluso sabiendo que se están equivocando. Una condición que los uruguayos ya conocemos y que, salvando diferencias, la vimos encarnada en los partidos históricos.

A diez meses de las elecciones los números deben ser tomados con pinzas. De hecho, aún no se sabe quiénes serán los candidatos en cada partido ni qué efectos tendrá la campaña electoral, propiamente dicha, sobre ese segmento de la población que define el ganador y que no tiene un vínculo laxo con lo político, y que decide a último momento.

Como sea, los aspirantes oficialistas a ocupar el lugar del mamado harían bien en asustarse. Y despertarse.

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