Gerardo Sotelo
Gerardo Sotelo

Orlando: las cosas por su nombre

La masacre de Orlando, en la que un integrista musulmán asesinó a medio centenar de personas que bailaban en un boliche gay, ha desacomodado a los activistas “progres”.

Antes que se desate la furia o la confusión, digamos que la referencia a “progre” busca desagregar este grupo de aquellos que de verdad creemos que la humanidad progresa dejando atrás la ignorancia, el autoritarismo, los prejuicios de cualquier tipo y la desigualdad basada en circunstancias externas a la persona. El “progre”, en cambio, expresa un pensamiento lineal, dogmático, y se comporta según las ideas al uso, cuándo no, como un babieca oportunista.

En caso de duda, nótese que mientras los progresistas de cualquier partido condenamos todo ataque contra otro ser humano independientemente de la excusa que utilice el atacante, los “progres” (como antes los reaccionarios de derecha) suelen tomarse tiempo para averiguar la filiación del agresor, y ocasionalmente, también la del agredido. El procedimiento p

La masacre de Orlando, en la que un integrista musulmán asesinó a medio centenar de personas que bailaban en un boliche gay, ha desacomodado a los activistas “progres”.

Antes que se desate la furia o la confusión, digamos que la referencia a “progre” busca desagregar este grupo de aquellos que de verdad creemos que la humanidad progresa dejando atrás la ignorancia, el autoritarismo, los prejuicios de cualquier tipo y la desigualdad basada en circunstancias externas a la persona. El “progre”, en cambio, expresa un pensamiento lineal, dogmático, y se comporta según las ideas al uso, cuándo no, como un babieca oportunista.

En caso de duda, nótese que mientras los progresistas de cualquier partido condenamos todo ataque contra otro ser humano independientemente de la excusa que utilice el atacante, los “progres” (como antes los reaccionarios de derecha) suelen tomarse tiempo para averiguar la filiación del agresor, y ocasionalmente, también la del agredido. El procedimiento permite a sus activistas valorar la misma acción de manera diferente, sin que parezcan percatarse de tal indecencia.

Mientras asesinaba fríamente, Omar Mateen llamó al 911 y afirmó estar actuando en nombre de Estado Islámico. La investigación no parece confirmar su pertenencia, aunque sí la inspiración del atentado en la propaganda de radicalismo islámico.

¿Fue el yihadismo causa suficiente o solo gatilló una patología precedente? La respuesta es por ahora imprecisa y quizás nunca deje de serlo. Lo que sabemos es que Omar Mateen eligió realizar esta carnicería homofóbica como combatiente islámico, del mismo modo que sus hermanos en la fe martirizan y asesinan homosexuales allí donde rige la ley coránica.

El integrismo está logrando su propósito de extender la sharia a todos los países en los que existen comunidades musulmanas con extraordinario éxito. No por su poderío militar y acaso tampoco por la ventaja de actuar a traición. El mayor triunfo de los integristas es haber instalado el miedo y bloqueado la capacidad de combatir en los ciudadanos de las sociedades abiertas. La expresión más alarmante se puede encontrar en la popularidad que cosecha el discurso primitivo y xenófobo de Donald Trump en Estados Unidos y en el crecimiento de la extrema derecha europea.

Con lo de Orlando, los “progres” se ven en la disyuntiva de salir a defender los valores cardinales de la civilización occidental (que aún con sus defectos, logró los mayores niveles de confort, libertad y garantías para individuos y colectivos diversos) o balbucear una explicación que omita toda referencia al origen de esta forma de odio homofóbico. En términos generales, han optado por lo último.

Hoy son los gays, ayer los caricaturistas de Charlie Hebdo, los cristianos de Siria, los hinchas bagdadíes del Real Madrid o un comerciante judío de Paysandú. Si se quiere salvar la civilización que consagró la democracia, los derechos humanos y la neutralidad del Estado en la vida privada, es necesario que los progresistas de todos los partidos enfrenten la lacra moral “progre”, como treinta años atrás enfrentaron las dictaduras latinoamericanas y las tiranías comunistas. Y digan, de una vez por todas, las cosas por su nombre.

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