Gerardo Sotelo
Gerardo Sotelo

El mercado del miedo

La situación electoral del Frente Amplio está tan complicada que hasta los más lúcidos están apelando a los golpes bajos. No está claro si se trata de una campaña deliberada o de ministros que se comportan como mendrugos por cuenta propia.

En todo caso, nadie espera nada positivo de algunos miembros del Poder Ejecutivo que habitualmente se expresan como opacos segundones, y que en este final de época nos generan más piedad que encono.

La cosa es diferente cuando personas inteligentes, como el expresidente del Banco Central y exprecandidato Mario Bergara se desbarrancan. Hablando durante el día de los comités de base, Bergara señaló que “el Estado sigue siendo fundamental en conducir el proceso económico y social”, y destacó especialmente que, a su juicio, “el mercado jamás hubiera creado el Plan Ceibal”.

El oficialismo parece obsesionado con el crecimiento del economista Ernesto Talvi, que se interpreta como un trasiego de votos desde el Frente Amplio hacia el viejo Partido Colorado. En esta línea, los voceros frentistas están advirtiendo sobre el origen “neoliberal” de los puntos de vista sostenidos tradicionalmente por Talvi. Como sea, Bergara sabe que está incurriendo en lo que se conoce como la “falacia del espantapájaros”, que consiste en inventarse un enemigo a la medida, generando una versión tergiversada, por reducción o exageración, de sus argumentos.

¿Por qué es grave si lo dice Bergara y no lo es en boca de Ernesto Murro o María Julia Muñoz? Porque Bergara sabe de lo que habla. Sabe, por tanto, que el mercado no se dedica a hacer cosas como el Plan Ceibal, por la misma razón que su cafetera no le resulta de gran ayuda para hacer tallarines.

El mercado es un entorno en el que se negocian bienes o servicios, en el que los agentes económicos con sus fuerzas de oferta y demanda, pueden buscar el mejor precio y tomar decisiones. Como por ejemplo, las que tomaba el propio Bergara cuando decidía si el Banco Central intervenía para que no se disparara el precio del dólar. Sin la señal del mercado de cambios, sus decisiones habrían sido como tirar palos de ciego.

El hecho de que la competencia sea imperfecta (entre otras causas porque no todos los actores tienen acceso a la información necesaria, lo que coloca a unos en desventaja frente a otros) no quita que sea el mejor procedimiento disponible para conocer el precio de las cosas, un dato sin el cual no es posible la Economía ni las políticas públicas.

El Plan Ceibal es política. La asignación de recursos públicos a la ANEP o el Mides, también lo es. Eso no solo lo sabe Bergara; también los dirigentes opositores que compiten con Bergara y que comparten con él buena parte de sus perspectivas sobre el rol del mercado y el Estado. ¿A qué viene entonces esta parrafada? ¿A que estaba hablando frente a un conjunto de militantes frentistas, que sienten la palabra “mercado” y se persignan?

El mercado sería el “asustaviejas” de Bergara, como lo es para Murro decir que si gana la oposición no habría más aumentos de salarios. No está claro si este tipo de argumentos espantapájaros funcionan bien. Desde que la derecha atacara al Frente Amplio en 1971 con el argumento de los tanques rusos, el oficialismo nunca había caído tan bajo.

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