Gerardo Sotelo
Gerardo Sotelo

Mentiras verdaderas

La Asociación de la Prensa Uruguaya (APU) le planteó a los partidos políticos un "pacto ético" para que la campaña electoral quede a resguardo de las "fake news".

La intención es plausible pero preocupante: se supone que las personas de bien no utilizan la mentira para obtener ventajas. Pero más allá de las noticias falsas, la inminente campaña electoral suele convertirse en un escenario en el que proliferan diversas formas de manipulación de la información. Ya no a través de la difusión de noticias enteramente falsas sino de verdades a medias.

Utilizar cualquier dato real en contextos inadecuados con el propósito de que resulten confortables a los objetivos políticos es una forma de falsearle la realidad a la ciudadanía.

Este tipo de prácticas son más efectivas en los sectores de menor nivel sociocultural, buena parte del cual está lejos de la actualidad política, pero cuyas preferencias electorales suelen resultar decisivas.

En lugar de promover una visión de la realidad basada en series de datos significativas, se eligen fragmentos para promover una visión de la realidad que funcione a los objetivos proselitistas.

Por cierto, esta práctica es cualquier cosa menos nueva. Lo que comienza a exponerla como espuria es la relativa facilidad de acceder a los datos que se ocultan. Pongamos un ejemplo neutral en términos de política nacional, de modo que nadie se sienta aludido.

Hace un par de días, los medios de comunicación del continente informaban sobre el aumento de la pobreza extrema en América Latina, cifrada por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en 62 millones de personas. Cualquiera que hubiera querido hacer caudal político de esta desgracia, podía sentirse a sus anchas. La información era verídica y la fuente irreprochable.

Sin embargo, así planteada la data omite decir que la pobreza está bajando desde los años noventa del siglo pasado, cuando alcanzó al 48 por ciento de los latinoamericanos, hasta el 30 por ciento actual. De modo que si alguien hubiera tenido interés en utilizar esta serie más larga también habría dicho la verdad pero habría generado una visión de la realidad bastante diferente.

Este tipo de utilización interesada de datos reales está en boca de los dirigentes políticos todo el tiempo, ya se trate de endeudamiento, escolaridad, calidad democrática, desocupación, turismo, combustibles o lo que sea.

El abuso se vuelve especialmente grosero cuando se compara la performance de Uruguay con los de otros países de América Latina, por cuanto prácticamente no existe rubro en el que no estuviéramos en un lugar destacado hace al menos un siglo.

¿Qué es lo que debemos medir? ¿Cuáles son los datos relevantes? ¿En qué contexto es significativo manejarlos? No son preguntas que deban responder los expertos en la ciencia estadística. Entre ellos es más difícil hacer circular bulos.

Son los políticos y los comunicadores, cuyos mensajes llegan de manera directa y concisa a la gente común, quienes deben reflejar en sus abordajes sobre tan delicados y complejos temas, la clase de ética y profesionalismo que utilizan para responderlas.

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