Gerardo Sotelo
Gerardo Sotelo

Matrioskas

Las revelaciones publicadas por The Intercept que involucran al juez del caso Lava Jato Sergio Moro, y al fiscal Deltan Dallagnol, debería ser tomada como una oportunidad de conocer mejor la naturaleza de algunos actores políticos.

Los mensajes reflejan conversaciones entre Moro y Dallagnol que incluyen comentarios inadecuados, tanto por su carácter político como por el sesgo que pudieron imprimirle a la marcha del caso. El Art. 254 del Código del Proceso Penal brasileño expresa con claridad que el juez podrá ser recusado si “hubiera aconsejado a cualquiera de las partes”.

De confirmarse el tenor de las conversaciones, de las que apenas se revelaron pasajes aislados y fuera de todo contexto, el proceso que terminó con el exmandatario en prisión podría caer, determinando no solo su liberación sino un duro cuestionamiento a la independencia de los oficiales de Justicia y a la propia legitimidad del proceso político que llevó a Jair Bolsonaro a la presidencia de Brasil.

La corrupción de las instituciones, especialmente las que tienen como cometido administrar justicia, no es menos relevante que la de quienes se apropian del dinero ajeno. No se puede justificar, minimizar ni disimular la corrupción nunca, sean sus practicantes empresarios, políticos, jueces o fiscales; compañeros o contrarios; y ya fuera que lo hacen por dinero, poder o ideología. Violar las garantías del debido proceso es tan grave como robarle el dinero al pueblo y aún más.

Sin embargo, hay otros escándalos dentro del escándalo, como si se tratara de un juego de muñecas rusas. La matrioska (conocida también como mamushka o babush-ka) es un símbolo de sabiduría porque, al abrirse la muñeca y expresar lo que lleva dentro, nos asoma al interior de las personas, a su verdadera personalidad.

Las revelaciones de los chats entre Moro y Dallagnol hicieron reaparecer el cinismo habitual entre los partidarios del Foro de San Pablo, que nunca aceptaron la corrupción de su líder, Lula da Silva. Si bien la eventual confirmación de estos procedimientos espurios fragiliza la legitimidad del proceso y puede exponerlo a su nulidad, no agrega nada a la trama de corrupción montada por el Partido de los Trabajadores, junto a otros socios políticos igualmente corruptos.

¿Cómo es posible que personas tan sensibles a la corrupción pongan el grito en el cielo frente a un asunto incipiente y hayan practicado el negacionismo y el disimulo contumaz frente al “mensalão” y el “petrolão”? Es que no se trata de un problema político sino moral, disparado por el cinismo con que algunas ideologías patrocinan sus causas.

Una persona de bien de izquierda, centro o derecha, se mostraría igualmente preocupada e indignada en todos los casos, ya sea que se corrompan jueces y políticos, compañeros o contrarios.

Su sentido del bien y el honor están varios escalones por encima de sus convicciones políticas. A los militantes de la izquierda revolucionaria no podemos pedirles tanto.

Lo bueno de estos episodios (si es que la decadencia institucional de un país puede tener algo bueno) es que vemos la reacción de las partes y podemos conocer mejor de qué valores morales está hecho su interior. Como si se tratara de una matrioska.

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