Gerardo Sotelo
Gerardo Sotelo

Helados

La designación de Laura Raffo como candidata de la coalición a la Intendencia de Montevideo despejó de buena forma, aunque con una dosis excesiva de suspenso, lo que calificábamos hace un par de semanas y desde esta columna como el primero de los desafíos: el de la unidad.

Si bien cada departamento registra una realidad electoral propia, era evidente que el alto significado político de la capital, así como la prolongación y decadencia de la era frentista, estaban demandando una solución diferente, que le diera a la población de Montevideo, la posibilidad de soñar con una alternativa.

El otro desafío, decía entonces, era la elaboración de un programa transformador, centrado en los problemas y expectativas más significativas de los montevideanos.

Cuando el Director Descentralización de la OPP, Pedro Apezteguía, reiteró la concepción acuñada en la cabeza de su compañero Raúl Sendic, de que el oficialismo retiene Montevideo aun presentando de candidata a una heladera, no sólo estábamos ante una bravuconada y un acto de desprecio hacia la gente; asistíamos también a la verdadera dimensión de la tragedia montevideana.

Tenemos una ciudad social y culturalmente partida en dos, incapaz de resolver problemas elementales como la basura, en la que viven más de la mitad de los niños pobres, se encuentran desde hace décadas los cursos de agua más contaminados y se registran mucho más de la mitad, de los delitos violentos del país. Todo esto mientras uno de los voceros oficialistas se jacta de que, aún ante este rotundo fracaso, retendrían la Intendencia así tomaran pésimas decisiones electorales.

Puede parecer una paradoja para un lector inadvertido, pero a la decadente administración frentista se la derrota en el área social, allí donde las políticas públicas ponen énfasis en las personas que más necesitan la asistencia estatal. Es este gran segmento de la población montevideana el que más necesita los resultados de una administración eficiente, responsable y sensible.

Resolver los graves desafíos que enfrentan algunas áreas clave, como la ambiental (arroyos, clasificación de residuos en domicilio, avance hacia un parque automotor sin motores a combustión, entrada del tren de UPM, etc.) o de seguridad (articulando políticas del espacio público con el futuro gobierno nacional), generaría un impacto positivo mucho mayor en los sectores vulnerables y ayudaría a cerrar la brecha social que nos separa, mejorando la convivencia y la calidad de vida de toda la comunidad.

¿Cómo es posible que estemos ante estos problemas, luego de treinta años de administración del mismo partido, articulado con un gobierno nacional con mayoría propia, que se benefició del período de mayor crecimiento de la economía mundial por más de una década?

Quizás la respuesta más contundente la tengamos en la socarronería del binomio Sendic/Apezteguía, esa sensación de superioridad moral y política que alienta a los burócratas frentistas, eternos beneficiarios del dinero de los contribuyentes.

Los montevideanos merecen una alternativa electoral que deje a los promotores de las heladeras, helados. Esa es también la dimensión del desafío que la coalición multicolor, liderada por Laura Raffo, tendrá por delante en los próximos meses.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados