Gerardo Sotelo
Gerardo Sotelo

Hegemonía al desnudo

Para la terapia psicoanalítica es relevante que el paciente haga aflorar en el habla aquello de lo que no habla. Según la teoría freudiana, las personas estructuramos nuestro discurso para lograr la aceptación del entorno, por lo que evitamos decir cosas que por inadecuadas, puedan causar rechazo o represalias.

Para la terapia psicoanalítica es relevante que el paciente haga aflorar en el habla aquello de lo que no habla. Según la teoría freudiana, las personas estructuramos nuestro discurso para lograr la aceptación del entorno, por lo que evitamos decir cosas que por inadecuadas, puedan causar rechazo o represalias.

El resultado de las elecciones del representante de los trabajadores en el directorio del BPS y la pírrica victoria de la lista del Pit-Cnt, bien puede interpretarse desde esta perspectiva psicoanalítica.

Sólo uno de cada tres trabajadores habilitados para votar expresaron su adhesión a la lista del oficialismo sindical. El porcentaje trepa del 33 al 39 por ciento si se toma en cuenta únicamente a los votantes. Sesenta y siete por ciento de los habilitados (sesenta y uno por ciento de los votantes) tomaron otras opciones. Aun dejando de lado el faltante de hojas de votación, que perjudicó principalmente a la lista opositora, los votos no oficialistas superaron en mucho a los de la lista auspiciada por el Pit-Cnt.

El cuarenta y uno por ciento de los trabajadores que votaron lo hicieron en blanco o anulado. Si bien es cierto que en tan alto porcentaje hay algunos votantes del oficialismo que se quedaron sin papeleta, el grueso de este segmento lo conforman votantes de la Lista 16, pero también trabajadores que ya no quieren votar al candidato del Pit-Cnt. El rechazo al oficialismo sindical creció de una elección a otra en más de un veinte por ciento. Los números manifiestan un divorcio radical entre el poder y la representatividad que ejercen los dirigentes sindicales y lo que los trabajadores, puestos a votar con todas las garantías de la ley, expresan.

El problema no es el poder sindical absoluto del Pit-Cnt. Eso es apenas el emergente de una situación mucho más compleja y profunda.

El problema es de otra naturaleza. Se manifiesta en lo sindical pero también en lo cultural, académico y social. Se llama hegemonía cultural.

Como se trata de un tabú, nadie habla del asunto seria y formalmente, y por lo tanto, tampoco se hace nada para combatirlo, ni siquiera en la izquierda moderada (sus víctimas directas) ni mucho menos entre sus antagonistas ideológicos, más preocupados del juego aritmético de los votos que de la verdadera política.

La expresión “hegemonía cultural” fue acuñada por el italiano Antonio Gramsci, y se refiere a la capacidad de un grupo de controlar las instituciones sociales e influir sobre el pensamiento cotidiano de las personas. Por este medio se difunden (o suprimen) ideas, valores y creencias, lo que termina impactando en la visión que tiene la comunidad sobre las más diversas cuestiones.

Así, la unidad organizativa de la clase trabajadora, inexistente en el resto del mundo democrático, se convirtió en Uruguay en un valor sagrado, y como tal, indiscutible. Cualquier cuestionamiento o razonamiento que la ponga en duda, se vuelve impronunciable.

Y sin embargo, los trabajadores se expresaron con rotunda claridad. Aquello de lo que no se habla (la hegemonía cultural y su manifestación en el espacio sindical) vuelve aún más sonoro el silencio de unos dirigentes políticos, intelectuales y líderes de opinión que no parecen estar a la altura de las circunstancias.

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