Gerardo Sotelo
Gerardo Sotelo

Faltan voces

Cada vez más personas comprenden que es necesario luchar contra la discriminación basada en género.

Esto es una buena noticia para quienes creemos en la dignidad de todas las personas y en la conveniencia de la participación en la comunidad de todos los grupos que la conforman. Porque es su derecho sino porque nos enriquece a todos.

La llegada de un nuevo 8 de marzo, restablece la vigencia de la lucha por los derechos de las mujeres pero también las diferencias ideológicas entre las múltiples expresiones de “los feminismos”.

Las proclamas difundidas por algunos de los “colectivos” feministas incluyen parrafadas tales como la lucha contra “el fascismo” y por la creación de una forma de maternar que sea a la vez “feminista y anticapitalista”.

Podrían hablar de la aparición de gobiernos neoconservadores, incluso de ideas ultraderechistas. Podrían hablar de totalitarismo, especialmente en su versión comunista, que aún sobrevive como puede en Venezuela, Cuba y Corea del Norte, y sus efectos devastadores en las mujeres que lo padecen.

Podrían, finalmente, advertir sobre partidos ultranacionalistas en algunos países de Europa. Lo que no pueden decir, con arreglo a la realidad, es que existe un “fascismo” contra el que debemos luchar.

La ventaja de pelear contra fantasmas es que sus características se difuminan y puede volverse tan activo, poderoso y real como deseen quienes controlan el discurso. De modo que tendremos un Día Internacional de la Mujer convocado en nombre de la lucha contra el fascismo, el capitalismo… ¡y UPM!

Si le pregunta a las proclamantes por estas majaderías, le dirán que es usted quien no entiende la intrínseca vinculación entre un fantasma y otro. Es que si los mirara con la suficiente sagacidad, que sólo da la ideología, verá incluso que comparten la misma sábana.

Inútil resultará argumentar que sólo en países capitalistas existe algo parecido a la igualdad de género, la inclusión de la mujer en todos los estamentos sociales y el arrinconamiento efectivo de la violencia machista.

Inútil razonar sobre el origen revolucionario e izquierdista del fascismo y el nazismo, ambos inspirados igualmente en el marxismo y alentados por el advenimiento de la revolución bolchevique.

La pregunta que deberíamos hacernos no tiene que ver con esta manifestación palmaria de sectarismo y estupidez, sino con el silencio atronador de los feminismos liberales y progresistas. ¿Recuperarán su voz algún día?

El proceso parece inevitable. En la medida en que los sectores radicales del feminismo van copando el discurso y las políticas públicas, aquellas personas de ambos sexos que no comparten tales extremos pero sí los postulados de la lucha por los derechos de la mujer, van tomando conciencia del problema. Sin embargo, este aborregamiento nunca es gratis.

La falta de coraje o de comprensión sobre la lucha contra el discurso revolucionario, comprende tanto a hombres como a mujeres y trasciende las políticas de género.

Sin embargo, en ningún otro ámbito de la vida social como en ese es tan necesario restituir la voz de quienes creemos de verdad en el respeto a la dignidad de las personas y en el valor de la diversidad.

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