Gerardo Sotelo
Gerardo Sotelo

Bajo ningún concepto

Un par de hechos recientes vinculados al conflicto entre el gobierno y el movimiento Un solo Uruguay alientan la esperanza de que, a pesar de las apariencias, la sociedad uruguaya siga teniendo valores de tolerancia.

Uno de ellos involucra nada menos que al ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, Enzo Benech y a su hijo Fabio. El hijo del jerarca no solo asesora al movimiento de productores rurales autoconvocados sino que es uno de sus promotores.

El hecho podía haber debilitado al gobierno y al ministro, sobre todo después de que la comisión de asuntos sociales del Frente Amplio, arremetiera contra los ruralistas cuestionando sus reclamos, por estar "engendrándose desde los sectores conservadores" y rindiendo tributo a sus "aliados conservadores". Sin embargo, las reflexiones de Benech sellaron cualquier polémica y abrieron un cauce de nobleza y tolerancia.

"Crié a mis hijos para que piensen con cabeza propia… No que piense como yo. Le di las herramientas necesarias para que se enfrente al mundo. Sé lo que piensa y lo analizamos muchas veces y lo hemos discutido con respeto". Para Benech, como para cualquier persona de bien, lo que une a las personas no son las ideas sino los valores y los sentimientos, exista o no un vínculo familiar.

Un par de días antes, los productores rurales habían difundido su convocatoria a la movilización del miércoles 14, que afectaría al puerto de Montevideo y otras terminales y establecimientos vinculados al comercio exterior. La actividad podía incluso realizarse sobre las rutas nacionales.

Previendo cualquier expresión colectiva inadecuada, los organizadores marcaron los límites de la protesta de una forma contundente e histórica: "Bajo ningún concepto estas concentraciones deberán cortar ni entorpecer la libre circulación de rutas o ingresos a los puntos antes mencionados. No queremos afectar la actividad de ningún uruguayo".

¿Protestar sin molestar al prójimo? ¿Reclamar derechos sin vulnerar los de nuestros semejantes? ¿Criar a los hijos sin adoctrinarlos? ¿Discutir con respeto y sin agravios?

Sí, claro. En todo caso, lo que debería llamarnos la atención es que lo normal y constructivo nos llame la atención. Lo excepcional es tener que refutar las tesis de quienes, por ejemplo, consideran legítimo el atentado contra una iglesia en el marco de una manifestación por los derechos de las mujeres.

La banalización de la violencia (manifestada en cualquiera de sus formas) no tiene otro propósito que su legitimación, y con esta, la posibilidad de eliminar al adversario a través de su destrucción moral, y de ser necesario, física. No es por dramatizar. Es que la justificación de la violencia como un método de lucha es el huevo de la serpiente, de donde han nacido siempre las tragedias colectivas.

De modo que la filosofía de vida del ministro Benech y el reconocimiento del derecho ajeno como frontera infranqueable que se establecieron los autoconvocados, son motivos de júbilo y esperanza.

"Entre los individuos, como entre las Naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz", decía el mexicano Benito Juárez. Bien sabemos los uruguayos a qué conduce el camino del desprecio al prójimo.

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