Francisco Faig
Francisco Faig

El voto conservador

Lo que está en juego en 2014 es que nada de lo conquistado se ponga en tela de juicio. Lo conquistado, para el uruguayo medio, no implica adherir a las consignas reivindicativas izquierdistas. Lo conquistado implica algo más sencillo y sustancial: mejores ingresos, mayor protección social, una autoestima reencontrada. ¿Qué opción electoral da las mayores garantías para conservar todo eso?

Lo que está en juego en 2014 es que nada de lo conquistado se ponga en tela de juicio. Lo conquistado, para el uruguayo medio, no implica adherir a las consignas reivindicativas izquierdistas. Lo conquistado implica algo más sencillo y sustancial: mejores ingresos, mayor protección social, una autoestima reencontrada. ¿Qué opción electoral da las mayores garantías para conservar todo eso?

Primero, está instalado el escenario de bipolaridad. Aquí hay dos grandes opciones para elegir. También hay matices y nadie niega que pueda haber acuerdos concretos entre esos bloques. Pero los rumbos generales de gobierno en política exterior, educación, seguridad, salud, infraestructura, reforma del Estado, etcétera, son distintos si son conducidos por la pluralidad de izquierdas frenteamplistas, o si lo son por la coalición de partidos tradicionales.

Segundo, cada bloque se ratifica con un piso de 45% de adhesión ciudadana desde 1999. Nada indica que vaya a ser diferente esta vez. Porque a pesar de contar con aliados poderosos (el relato de la cultura hegemónica, el activismo sindical, la inmejorable coyuntura económica y la utilización clientelista del Estado), el Frente Amplio de esta década no ha logrado dar un salto electoral que barra con sus adversarios. Los viejos partidos tradicionales siguen siendo fuertes a pesar del énfasis refundacional izquierdista.

Así las cosas, la oferta electoral frenteamplista ofrece el protagonismo de los tres ancianos. Todo el mundo sabe lo que dan. La mayoría está conforme con ellos: por ejemplo, cuando Astori dice que tiene equipo económico (y los demás no), cumple con la exigencia de dar garantías de conservar lo conquistado. Pero el problema es que el uruguayo medio sabe que con la izquierda y sus ancianos la enseñanza no mejoró y la inseguridad empeoró. Podrá entonces volver a elegir a Vázquez. Pero será con resignación; jugando al empate; sabiendo que solo sirve para no perder lo conquistado.

Del otro lado, la oferta electoral de los partidos tradicionales presenta renovación de dirigentes y propuestas para enfrentar las preocupaciones del uruguayo medio en educación y seguridad. Eso está muy bien pero no responde a lo más importante: ¿van a defender lo conquistado? En concreto, por ejemplo, ¿mantendrán el ritmo de crecimiento de las jubilaciones más bajas, el de los salarios públicos, el nivel de actividad que da empleos, y los avances sociales que devuelven sentido de identidad orgulloso al país?

La sospecha que tiene el voto conservador, instalada por la cultura dominante izquierdista, es que se pondrán del lado de los más platudos, bajándoles impuestos, y que se dedicarán a privilegiar la alquimia de los equilibrios de las cuentas públicas, que nadie sabe bien lo que es, antes que disponer de fondos para las políticas sociales. Cualquier ademán de los partidos tradicionales que pueda ser interpretado en este sentido confirmará esta sospecha. En tal caso, la balanza parlamentaria de octubre se inclinará en favor del bloque frenteamplista.

Lo interesante es ver cómo este voto conservador está tutelando hoy la interna más disputada que es la nacionalista. Porque los blancos quieren un candidato que pueda ganarle a Vázquez. Pero también, que dé certezas de calidad de gobierno en temas difíciles, y que defienda lo ya conquistado. Ganará el que haya respondido mejor a esta triple exigencia.

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