Francisco Faig
Francisco Faig

A las urnas, pero ya

Si se va a interpretar el referéndum contra los 135 artículos de la ley de urgencia como una elección de mitad de gobierno, entonces lo que hay que hacer, para buenas, es una elección legislativa anticipada.

Está prevista en los artículos 147 y 148 de la Constitución.

Que se censure a un ministro con mayoría de menos de dos tercios del total de la Asamblea General (AG); que el presidente de la República observe ese voto; que la segunda convocatoria vuelva a censurarlo por menos de tres quintos de los componentes de la AG, y que entonces el presidente mantenga a su ministro, disuelva las Cámaras, y convoque a una nueva elección de Senadores y Representantes para el octavo domingo siguiente a la fecha de esa decisión.

Perdimos una buena ocasión con la reciente moción de censura a Heber por el tema del puerto. Pero pronto puede surgir otro asunto que plantee censurar a un ministro. Y si el Frente Amplio (FA) no la promueve, pues entonces que sea la propia coalición republicana la que lo haga, de forma de provocar este escenario, legítimo y legal, de votación anticipada. Sus votos alcanzan.

Ahora que estamos levantando la cabeza tras lo peor de la pandemia, resulta que vuelve a ganar la vieja estrategia de la izquierda de trancarlo todo. Ya hay malas noticias: el freno puesto a la reforma de la seguridad social por causa del probable referéndum, por ejemplo; o la postergación de la reforma que pretende servicio civil hasta la próxima rendición de cuentas (quedó pues, para 2023). ¿También habrá que esperar el resultado del referéndum para una reforma profunda de Ancap, y seguir perdiendo entretanto decenas de millones de dólares por el pórtland y el biocombustible?

Si se preparara bien el terreno para esta elección legislativa, ganaríamos en determinación política. En efecto, la gente estaría llamada a votar, rápidamente, ya sea para profundizar los cambios que quiere el presidente, o ya sea para dar mayor representación a la oposición. ¿Y si en vez de 42 diputados y 13 senadores, el FA ve disminuida su bancada, por ejemplo, a 32 diputados y 10 senadores? ¿No significaría eso un fuerte respaldo en favor de implementar cambios profundos en el bienio 2022- 2024? Y si, por el contrario, el FA ganase esa elección y pasase de 42 a 50 diputados, ¿acaso el freno al reformismo oficialista que ello sin duda implicaría, no sería el mismo trancazo que hoy domina la escena por el probable referéndum de 2022?

Muchos se horrorizarán por proponer una elección legislativa anticipada. Los que menos entienden de política dirán que es golpista, desestabilizador y autoritario. La izquierda no la querrá, porque su juego es desgastar fuertemente al oficialismo para ganarle en 2024: es nuestro kirchnerismo suavemente ondulado. Y del otro lado, son demasiados los devotos de Disney sin polarización. Se placen de su cautela, sobriedad y gradualismo. Suponen que moran en el viejo Uruguay de los grandes acuerdos. No perciben que ese país ya fue. No admiten la siguiente verdad que lleva más de tres décadas de Historia: el FA leninista y opositor, que aborrece del liberalismo pequeñoburgués, tranca todo.

El pueblo votó en 2019 por un cambio. Convóqueselo pronto, explicándole que se precisa que lo ratifique. Y estése a su voluntad.

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