Francisco Faig
Francisco Faig

Tierra extranjera

El Frente Amplio (FA) y Cabildo Abierto (CA) pueden llegar a acordar votar una ley para limitar la venta de campos a extranjeros. De aprobarse, esos extranjeros deberán, por ejemplo, contar con ciudadanía legal o con al menos 10 años de residencia para poder comprar explotaciones rurales.

Parte de la bancada del FA presentó el proyecto en el Parlamento. Cualquier avispado se preguntará por qué durante 15 años de mayorías propias el FA no aprobó una ley así, sobre todo si se tiene en cuenta que desde 2002 hemos vivido una revolución productiva tan estructural como silenciosa: casi la mitad del total de la tierra cambió de dueños, y miles de millones de dólares allí invertidos lo fueron por extranjeros o por personas jurídicas que han incluido a extranjeros.

Ahora que alumbra un ciclo de suba de precios internacionales de nuestra producción agropecuaria; que Argentina, como en el peor momento kirchnerista, presenta una fuerte propensión a la salida de capitales productivos y sobre todo vinculados al agro; y que el gobierno fija una activa política de atracción de capitales humanos y económicos extranjeros para que inviertan en Uruguay, justo ahora, a la izquierda se le despierta su gen xenófobo disfrazado de defensa de la soberanía y presenta este proyecto de ley.

No hay que ser muy inteligente para darse cuenta que la iniciativa del FA se plantea ahora porque, asentada sobre un viejo prejuicio ideológico muy apreciado en el comité de base que vegeta tras el muro de yerba, ella procura frenar la expansión del mundo agropecuario que, naturalmente, se beneficia de las inversiones y de las experiencias productivas extranjeras: así ocurrió, por ejemplo, con la revolución sojera en el Litoral por más de una década.

Al frenarla, impide que al país le vaya mejor y que eso pueda llegar a traducirse en un mayor apoyo al gobierno. Estamos, en efecto, ante otra expresión más del cuanto peor, mejor del FA cuando le toca ser oposición. No es la primera, ni será la última. Pero, ¿por qué CA adheriría a esta iniciativa izquierdista? Hay dos motivos. El primero es su veta discursiva nacional-popular, esa que lo puede arrimar a posiciones filotupamaras, antimercado, y que se creen pro soberanas. En suma, un conjunto de sandeces sesentistas que muestran por un lado no entender absolutamente nada de la realidad del mundo y del país, y por otro lado desnudan las tremendas carencias conceptuales de muchos de sus dirigentes.

Segundo, una veleidad política que podría llamarse tercera posición: demostrar al resto de los partidos de gobierno y a toda la ciudadanía, que CA no es encasillable y que es capaz de articular mayorías con cualquiera. Es una posición que defiende la novedad y la independencia ideológica de CA, unida al coraje de sostener sus ideales incluso al precio de negociar con un rival tan potente como el FA. En suma, otro conjunto de sandeces que solo convencen a un pequeño séquito de cabildantes ya convencidos, y que termina justificando hacerle el juego al FA en su estrategia del peor-mejor.

Manini Ríos es inteligente y ambicioso. Deberá meditar mejor sobre esta mañosa iniciativa que, de concretarse, se convertiría en su primer gran error estratégico desde que entró en política.

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