Francisco Faig
Francisco Faig

Tarea de verano

El 2019 trajo consigo el surgimiento político de Cabildo Abierto (CA) y de su líder Manini Ríos.

De entrada, vale la pena hacer un inventario parcial de las tonterías que entretienen a los politólogos de izquierda, a sus comentaristas aparentados y a dirigentes frenteamplistas y otros militantes parecidos: que CA es neo- fascista filo- nazi de extrema derecha pro- dictadura; que encarna el conservadurismo de intereses económicos elitistas; y que es la expresión del grupo de presión militar que pone en juego nuestra calidad democrática y la causa de los derechos humanos. Estas y otras patrañas similares, alimentan los zurdos delirios de quienes creen estar caminando por Roma en octubre de 1922, tomando una cerveza en Munich en el otoño de 1923, o paseando por Buenos Aires en el invierno de 1966.

En poco más de medio año de actuación política, Manini Ríos fue clave para el triunfo de la coalición que dirige Lacalle Pou. Su liderazgo sedujo a un electorado policlasista. Entró con éxito en los barrios populares urbanos, allí donde la oferta blanca y colorada no lograba penetrar con fuerza. Manini fue un buen complemento: en votos -200.000, que es una cifra similar a la que perdió el Frente Amplio entre octubre de 2014 y octubre de 2019-, en los contenidos de su discurso -con respuestas a los problemas acuciantes de las clases populares-, y en el perfil de su conducción - fuerte a la vez que sutil y perspicaz para articular acuerdos sobre todo con el Partido Nacional (PN)-.

De golpe, CA quedó con una bancada parlamentaria con cierto porte y que deberá pulirse en el entendimiento de las reglas de juego políticas. A nadie escapa también los vasos comunicantes entre las principales figuras de CA y algunos sectores de los partidos tradicionales: por ejemplo, sus dos futuros ministros se forjaron a la vida política en el Herrerismo, y el suplente de Manini Ríos en el Senado será el hijo mayor de Wilson Ferreira.

Además, para fortalecer su estructura partidaria y asentar su identidad política en los próximos años, Manini Ríos cuenta con un par de ventajas claras. Primero, impera en CA una evidente disciplina, que fue la que logró que marcara 50.000 en una elección no competitiva en junio y que será la que le asegure cierto orden interno a partir de 2020: ya publicitó un manual de usos parlamentarios, y ya dejó en claro de que hay lineamientos colectivos que deben ser respetados.

Segunda ventaja, Manini Ríos muestra inteligencia y convicción: tiene un proyecto de largo plazo que incluye, entre otras cosas, una prensa de vieja estirpe como La Mañana que le es afín; expresa una visión de país que se asienta en ciertos valores identificados con profundos y grandes cauces de opinión que integran, desde siempre, el sentir nacional; y es pragmático en política, lo que implica, por ejemplo, estar dispuesto a votar dentro del lema PN en Rocha con tal de ganar allí la elección de mayo.

Para entender a CA se precisa quitarse de encima los burdos prejuicios que aturden a las clases medias montevideanas de sensibilidad bien pensante y socialdemócrata, y que perviven gracias al repetido y monótono mugir de nuestra provinciana y bovina hegemonía cultural izquierdista. Es una linda tarea para emprender este verano en el Este.

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