Francisco Faig
Francisco Faig

Talvi y Martínez

La estrategia para ganar en octubre-noviembre precisa sacar buenas conclusiones sobre el 30 de junio y exhibir una buena intuición política de qué expectativas tiene la gente para el futuro. Aparecen así notorias diferencias entre frenteamplistas y colorados.

La opción por Villar mostró que Martínez cree que hay que revivificar el alma frenteamplista. Sin embargo, dejar de lado el eslogan del nuevo impulso, muestra una corrección estratégica relevante, porque no habrá entonces en octubre un candidato sinónimo de más de lo mismo, renovado. Además, Mujica y sus aliados despliegan su propia agenda de acumulación electoral que apuesta, con razón, a ser por lejos la mayor dentro de la coalición.

¿Cómo termina leyéndose todo esto? Con dificultades, porque las señales son contradictorias. ¿La oposición es la oligarquía a enfrentar o son actores con los que construir políticas de consenso? ¿Martínez es una renovación de vuelo propio, o es una figura nominal, sin peso específico, tras la cual operan los verdaderos liderazgos frenteamplistas? Y lo más importante electoralmente: ¿la izquierda entendió el mensaje del 30 de junio o sigue encerrada en consignas, discursos y propuestas que solo hablan a los ya convencidos y por tanto se mantendrá alejada de las preocupaciones de las mayorías populares?

Talvi prendió una potente aspiradora electoral que entendió bien lo que ocurrió en las elecciones internas. Su vicepresidente es todo lo que mejor representa al Uruguay meritocrático de siempre, y suma su conveniente origen del Interior y su estratégico acento de especialización educativa. Si además el Partido Colorado abre al menos tres alas senaturiales convencidas, una bien batllista, otra bordaberrista y otra talvista, entonces empezará a parecerse mucho al coloradismo histórico: con un proyecto de país que conecta bien con viejas mitologías nacionales, y con un despliegue electoral amplio que permite seducir a las clases medias urbanas.

Si esta aspiradora de Talvi funciona bien, el ya políticamente destartalado, electoralmente escuálido y generacionalmente envejecido polo socialdemócrata frenteamplista arriesga a no alcanzar tres senadores en octubre. Para el balotaje, la foto de la bancada del Frente Amplio será simplemente la de Mujica y sus amigos, lo que naturalmente espantará a ese uruguayo medio, urbano y de sensibilidad socialdemócrata que, francamente, no cree que esa izquierda mujiquista sea la esperanza para el país.

Si además la aspiradora es potente, entonces el Partido Independiente no repetirá en el Senado; Cabildo Abierto difícilmente alcance un segundo senador, a pesar de sus ya marcados 50.000 votos de junio; y el Partido de la Gente será una anécdota de feriante. Sobre todo, logrará que mucha gente decepcionada del gobierno; agobiada por el talante de inspiración comunista de los Villar, Andrade y tantos otros dirigentes de las nuevas generaciones frenteamplistas; y escéptica de las esencias y estéticas blancas, se decida a votar colorado.

Talvi leyó mejor que Martínez los resultados de las internas. Si además su aspiradora interpreta bien la expectativa popular para octubre y él mantiene firme su voluntad de coalición con los blancos, Martínez sufrirá una primavera muy difícil.

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