Francisco Faig
Francisco Faig

Redes y elecciones

Nunca antes hubo aquí un año electoral en el que las redes sociales de internet estuvieran tan masificadas como ahora: casi 7 de cada 10 uruguayos las usan. ¿Incidirán en el debate ciudadano y en el voto de la gente?

Primero, hay que afinar cantidades y perfiles. Los estudios dan cuenta de una amplia penetración de Facebook, de un crecimiento de Instagram y de que Twitter es la de menos usuarios relativos (aunque hagan mucho ruido y estén más politizados). Además, a mayor nivel educativo de la persona, más grande es la probabilidad de que integre redes sociales, por lo que la extensión de esas redes está lejos de ser pareja y universal.

Segundo, hay que entender que la participación del usuario en una red está guiada por discretísimos filtros de algoritmos, ya sea por ejemplo en Facebook, en las opciones de búsquedas de Google, o incluso en las preferencias de series promovidas en Netflix. Hay un recomendable libro de referencia, algo viejo ya por ser de 2011, pero que realmente deja en claro el tema: "El filtro burbuja" de Eli Pariser. Para la actividad política proselitista, la clave es asumir que la persona que está en la red se verá sobre todo expuesta allí a noticias y a comentarios que ratificarán los preconceptos, ideas, opiniones y preferencias que ella ya mostraba al momento de iniciar su socialización en esa red.

Esos filtros de burbuja son por lo general desconocidos por la gente. Pero son los que generan la ilusión, muy concreta políticamente, que consiste en hacer creer al usuario que la gran mayoría en las redes está más o menos de acuerdo con lo que él piensa. Y le hace creer además, que esas mayorías de Facebook o de Twitter son prácticamente similares a las mayorías de la sociedad real.

El efecto burbuja- espejo del uso de la red de internet se ve reforzado por la realidad de fractura y fragmentación sociales que ha ganado al país, y que tampoco es del todo asumida. Así las cosas, el típico uruguayo de clase media y de mediana edad, que se formó en nuestra vieja sociedad urbana integrada, sigue creyendo que su entorno social, hecho de variedades y matices, es una fotografía fiel de la amplitud real de la sociedad actual. Empero, salvo algún caso muy excepcional, la verdad es que no ocurre para nada así, sino que por el contrario, las rupturas sociales, económicas y hasta de civilización que hoy conviven dentro de nuestro mismo territorio le son incluso, muchas veces, inimaginables.

Con redes sociales muy presentes y actuando con un filtro- burbuja que ratifica gustos y opiniones de un usuario incapaz de advertir que su universo de internet no refleja siquiera el real y variado mundo propio del entretejido social que utiliza la red; y con unas fracturas y fragmentaciones sociales que impiden ver y hasta siquiera imaginar la hondura de las diferencias que coexisten hoy en la sociedad, la tarea proselitista enfrentará dificultades tan enormes como novedosas.

¿Cómo llegar con mensajes políticos convincentes, sobre todo a esos 500.000 uruguayos sin identificación partidaria que son los que inclinarán la balanza de las próximas elecciones obligatorias de octubre? Las distintas respuestas partidarias seguramente se verán desplegadas en este invierno. Ellas fijarán éxitos y fracasos.

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