Francisco Faig
Francisco Faig

Problema democrático

Cuántas competencias electorales seguidas tienen que ganar los partidos de la Coalición Republicana (CR) para poder llevar adelante los cambios en el rumbo del país?

¿Cuántas veces seguidas hay que derrotar en las urnas a la izquierda para evitar la dictadura del comité de base?

En 2019 hubo tres elecciones. En las internas, el partido más votado fue el de Lacalle Pou, que fue además el candidato más votado por lejos de todo el sistema. En octubre, el Frente Amplio (FA) recibió una mayoría relativa de votos, pero con un guarismo similar al de 1999, es decir, perdiendo 200.000 votos con respecto a 2014. Además, Lacalle Pou hizo campaña subrayando sus concordancias con los programas de gobierno de los partidos que luego formarían la CR: el resultado legislativo fue pues un amplio triunfo de una coalición pluripartidaria de 56 diputados y 17 senadores, la más grande desde 1999.

En el balotaje de 2019, ganó la fórmula apoyada por los partidos de la CR. En 2020, la elección departamental tuvo la particularidad de hacerse en setiembre, con las principales medidas de gobierno para enfrentar la pandemia y con la ley de urgente consideración (LUC) ya aprobadas. Considerando todo el país, el FA recibió de nuevo el 39% de los votos. Fracasó con estrépito: los partidos de la CR ganaron en 16 departamentos, y en tres alcaldías y en los barrios más urbanos de la capital.

Van entonces cuatro elecciones que pierde el FA desde 2019. Sin embargo, 135 artículos de la LUC pueden llegar a tener que ser ratificados en un referéndum en otoño próximo. Si eso ocurre, sería la quinta vez en 3 años que el rumbo político identificado con los partidos de la CR, es decir con lo no frenteamplista, debiera de enfrentarse al veredicto de las urnas. Si pierde, el impulso reformista quedará rengo; si gana, nada garantiza que se termine aquí la carrera.

En efecto, se hace del todo evidente que la izquierda se opondrá a la reforma de la seguridad social que surja de la comisión especial que para tal fin se ha creado, sea cual fuere su contenido. Por tanto, si esa reforma es aprobada en el Parlamento con los votos de la CR, la izquierda intentará oponerle un referéndum que quizá pueda votarse antes de las próximas elecciones generales. No es impensable pues, que la CR deba ir una sexta vez a las urnas para poder implementar una parte fundamental de su programa de gobierno, antes de poner su mayoría en juego tres veces en 2024 y una vez más en 19 elecciones en todo el país en 2025.

Para que en el mediano plazo la CR pueda conducir al país en el sentido que ha prometido desde 2019 deberá ganar pues, seguramente, 10 elecciones en 6 años. El mínimo necesario sería solo de 4 veces, es decir, las elecciones de octubre y noviembre de 2019 y 2024. Pero la mala fe opositora que solo acepta los resultados electorales si ellos le son favorables, exige esta especie de plebiscito permanente que, además, utiliza a los referéndums para acortar y quebrar los tiempos políticos de acción gubernativa.

Basta. Es tiempo de hacer respetar la voluntad popular expresada en la instancia del secreto de las urnas y la pluralidad de los partidos. Para cambiar el reglamento de promoción de referéndums solo se precisa mayoría absoluta en el Parlamento. Es tiempo.

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