Francisco Faig
Francisco Faig

Postales ovinas

Hay algo que no anda bien en nuestra sociedad. Tanta resignación ovina ya parece patológica.

Hay algo que no anda bien en nuestra sociedad. Tanta resignación ovina ya parece patológica.

Cada septiembre hay destrozos de comercios, daños a vehículos, robos, agresiones y vandalismo en distintos puntos de Pocitos. Cuando hay algún festejo por victoria de campeonato, los destrozos ocurren en el Centro. El poder público no garantiza la seguridad ni de bienes y ni de personas: es sabido que esos malones actúan con impunidad. El uruguayo, resignado, asume costos y daños.

Por causa de una mala política municipal han pululado los boliches en la zona del Parque Rodó que incumplen la ordenanza sobre ruidos molestos y hacen imposible el cotidiano de los residentes del barrio. Pasan los meses y nadie defiende los intereses de las mayorías que ven cómo sus propiedades se desvalorizan y sus vidas se transforman en un calvario por la arbitrariedad y corrupción del poder público. Algunos decidieron tomar el camino de la Justicia. Pero el daño ya está hecho y lleva años.

Los periódicos conflictos en el sector del gas terminaron esta semana, una vez más, tomando de rehén a la población entera. Como siempre, son los más pobres los que más se perjudican. Incluso esta vez, centenares de niños de escuelas de barrios populares no pudieron acceder a su alimentación diaria porque no había gas para cocinar. No es nuevo: recuerdo a Bruschera, de Ademu, hace unos años justificar, muy oronda, que decenas de miles de niños se quedaran sin almuerzos por causa de sus medidas gremiales. En paralelo, una agresión a una maestra en el Cerro determinó un paro de toda Primaria en Montevideo.

La lógica es la misma que la del sindicato del gas: frente a un problema puntual, tomar de rehén a centenares de miles de ciudadanos y, sobre todo, afectar a los más pobres, que son los que más precisan de esos servicios, pero que son los que menos se pueden quejar por no disponer fácilmente del capital social, cultural, político y económico para hacerlo.

Así, los uruguayos de todas las clases sociales pierden calidad de vida con resignación ovina. Pero además, decenas de miles siguen adhiriendo dogmáticamente al partido de gobierno que es responsable, sobre todo por su inacción, de estos atropellos. Adhieren incluso ahora, cuando se sabe que varios de sus dirigentes han mentido, descaradamente, sobre sus méritos universitarios.

¿Por qué no se reacciona frente al abuso y la inmoralidad? Como el daño que ha hecho la extendida convicción de la superioridad moral de la izquierda ha sido enorme, lo que hay seguramente es miedo a decir que el rey está desnudo. Porque la verdad es que este Frente Amplio da vergüenza. La izquierda se revuelca en el lodo de la mentira y la ambición, manoseando cargos y prebendas a los que se aferra con devoción religiosa. Sus principales dirigentes aceptan la impunidad, relativizan la mentira y cohonestan el fraude moral, todo con tal de seguir prendidos de la teta del poder.

Miranda, que hizo una campaña de renovación y transparencia, nombró a Reboledo, quien durante años mintió sobre su título de sociólogo, como secretario político del Frente Amplio. Enterado del fraude, no ha exigido su renuncia. Si Seregni viviera, le arrancaría de un bofetón su tonta sonrisa de oveja embelesada.

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