Francisco Faig
Francisco Faig

Hacer política

La sensación está instalada hace mucho tiempo y no ha cambiado en este invierno lleno de fútbol: el Frente Amplio está desgastado y no entusiasma, pero del otro lado tampoco se percibe algo que conforme o que, al menos, permita entrever una alternancia para mejor.

Los mayores dirigentes y operadores políticos de la oposición entienden que ese diagnóstico es injusto. En definitiva, del lado partidario no frenteamplista hubo en estos años acciones y señales claras que tuvieron consecuencias políticas importantes, como por ejemplo, la forzada renuncia del corrupto Sendic. También, hay alguna coordinación interpartidaria mínima en el Parlamento; y sobre todo, no se puede juzgar con la misma vara a quienes ejercen el poder y han frustrado la expectativa ciudadana y a quienes no tienen responsabilidades de gobierno y solo pueden plantear y sugerir cambios de rumbo. Sugerencias que, por cierto, los partidos de oposición no han cesado de promover: en lo legislativo, en negociaciones directas con el Ejecutivo, e incluso en iniciativas que buscan cambiar la Constitución por decisión popular.

¿Cómo cerrar la brecha entre esa sensación ampliamente instalada en la opinión pública por un lado y esa convicción bastante extendida entre líderes opositores por el otro? A un año de las elecciones internas, se ha hecho grande la tentación de concentrarse en lo táctico: definir precandidatos que rompan sosiegos partidarios; dar señales de unidad que diferencien de la cacofonía electoralista de la izquierda; e incluso promover la participación ciudadana en las propuestas partidarias que marcarán el rumbo del camino alternativo al Frente Amplio.

No hay nada nuevo bajo el sol. Los partidos de oposición, con sus protagonismos, ritmos y énfasis diversos, están haciendo lo que marca el manual. Sin embargo, la desazón se mantendrá cuando todos confirmen que, a pesar de esas legítimas y serias iniciativas, la brecha no se cerrará. E incluso más: cuando el Frente Amplio ordene su interna, es muy posible que las encuestas de intención de voto ratifiquen un despegado primer lugar para la izquierda. Ello le permitirá, naturalmente, renovar su esperanza de triunfo en 2019.

Lo que en la oposición infelizmente no se ve es que lo que se necesita, en un sentido sustancial, es hacer política. Frente a la desilusión de un discurso que hizo creer que se podía alcanzar, sin grandes apremios ni cambios sustantivos, un país de primera, el país precisa una narración explicativa, un relato abarcador y un sueño compartido que fije un rumbo esperanzador y distinto al desgastado y descreído frenteamplista.

Quizá ese rumbo esperanzador no rompa totalmente con buenas herencias de estos años; quizá tenga que denunciar con vigor la desidia y la irresponsabilidad de los ademanes frenteamplistas en el poder. Pero en cualquier caso, debe dejar de creer que lo táctico, solo, es capaz de triunfar; que los mensajes de manual son suficientes para enamorar; que la brecha se cerrará porque, de cualquier forma, no hay otra opción de cambio que no sea votar lo no-Frente Amplio.

La disconformidad con la oposición está escondiendo que, en verdad, ella no está haciendo política. Y sin política, la opinión terminará optando por el oficialista malo conocido.

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