Francisco Faig
Francisco Faig

La plata y la educación

Si de malgastar la plata en educación pública se trata, lo de la Universidad Tecnológica (Utec) no tiene parangón. Recibe donaciones de China; acuerda préstamos con el BID y hace inversiones millonarias en infraestructura en coordinación con UPM. Para 2017 prevé tener 12 carreras en total y 2 sedes nuevas en el Interior a un costo aproximado de 10 millones de dólares.

Si de malgastar la plata en educación pública se trata, lo de la Universidad Tecnológica (Utec) no tiene parangón. Recibe donaciones de China; acuerda préstamos con el BID y hace inversiones millonarias en infraestructura en coordinación con UPM. Para 2017 prevé tener 12 carreras en total y 2 sedes nuevas en el Interior a un costo aproximado de 10 millones de dólares.

La Utec fue una propuesta de Mujica que los blancos recibieron, en general, con mucho beneplácito. Por un lado, hace hincapié en la educación tecnológica, que es una obsesión discursiva del expresidente. Por otro lado, lleva esa educación a pueblos del Interior, que es un fetiche de muchos dirigentes blancos. Así, todos acordaron crear la Utec en el período pasado. Porque, a fin de cuentas, ¿quién podría estar en contra de multiplicar instancias terciarias de educación a la vez que dar posibilidades de desarrollo a los jóvenes del Interior?

El problema es que, como siempre, la realidad es más compleja que los eslóganes. Se sabe, gobernar bien implica priorizar gastos con criterios de racionalidad, prudencia e inteligencia prospectiva. Así las cosas, cualquiera que analice los datos educativos verá que entre los jóvenes del Interior prácticamente 3 de cada 4 no terminan estudios secundarios. Eso quie- re decir que la inmensa mayoría de ellos no puede asistir a la Utec.

Además, si se analiza el perfil de quienes completan secundaria de acuerdo a su nivel de ingresos familiares, es fácil advertir que la Utec es una institución que sobre todo beneficia a los hijos de las pequeñas burguesías acomodadas de algunas ciudades del Interior. Los números no mienten: en 2015 la Utec gastó unos 14 millones de dólares para que allí estudiaran solo 355 jóvenes.

¿Se prioriza con inteligencia el gasto en educación con una sede de la Utec en Pay-sandú a la que asisten en total menos de 100 jóvenes? Cuando sabemos que los hogares pobres en el departamento de Soriano son menos del 4% y en el barrio Casabó de Montevideo representan más del 17% del total, ¿qué es más justo socialmente: invertir millones en un auditorio para la carrera de “Tecnólogo en Jazz y Música Creativa” en la Utec de Mercedes, o abrir más y mejores opciones tecnológicas en estudios secundarios en Casabó?

Si se trata de priorizar el gasto público en educación con responsabilidad y sin demagogia, el objetivo excluyente debiera ser mejorar secundaria.

Sobre todo, la que está radicada en los barrios socio-económicamente menos favorecidos, cuyos jóvenes son los que más precisan herramientas de conocimientos para poder acceder a mejores trabajos que les permitan cierto ascenso social. Como propuso Talvi en marzo pasado: hay que instalar 35 liceos modelos en las zonas carenciadas, sin distinciones entre Montevideo e Interior. Y no es un objetivo imposible: cuesta 200 millones de dólares por año, lo mismo que ha perdido Ancap con Sendic.

Lo que refleja la iniciativa contra las donaciones a las universidades privadas es lo mismo que deja entrever el caso de la Utec: una tremenda dificultad de diseñar políticas públicas despojadas de prejuicios y fundadas en realidades.

En vez de eso, acumulamos vulgaridades propias del lujo de la miseria.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)