Francisco Faig
Francisco Faig

¿Qué pasa con Cabildo Abierto?

Hay un ruidito de fondo en la coalición republicana (CR): ¿qué pasa con Cabildo Abierto (CA)? ¿Es leal al gobierno o quiere resucitar al Frente Amplio (FA)? ¿Es una agencia de colocaciones de militares jubilados o sabe administrar el Estado?

Con Manini Ríos candidato, un CA con solo 7 meses de vida recibió la enormidad de 268.736 votos en octubre de 2019. Sin su líder en liza, el bajón a cerca de 57.000 sufragios para las municipales de 2020 fue muy marcado, pero en verdad escondió alianzas departamentales claves, sobre todo entre blancos y cabildantes, sin las cuales algunos triunfos electorales del Partido Nacional no hubieran ocurrido. Ese es un dato duro de la realidad: al momento de favorecer a un bloque, CA no dudó en apoyar a la CR, incluso al precio de menguar su perfil electoral propio.

El partido de Manini Ríos presenta dos grandes dificultades. Por un lado, recibió una avalancha de votos que superó ampliamente a la estructura que podía presentar para cogobernar el país. Formar cuadros partidarios y transformar al sempiterno militar jubilado que integra CA en dirigente político con cintura negociadora y sentido de Estado, lleva mucho tiempo y energía. Manini Ríos ha debido enseñar en CA, de apuro, que la política no es un cuartel, y que lo castrense no es el alma de la Patria. Convengamos que, por muy diestro e inteligente que sea, no es una tarea sencilla ni rápida.

Por otro lado, CA tiene una gran amplitud ideológica y de talantes internos. Allí, entre otros perfiles políticos, hay conservadores católicos, liberales económicos, estatistas a la vieja usanza cepalina, filo- blancos históricos, procolorados de sensibilidad catorcista y otros antibatllista, antiliberales y/o nacionalistas hijos de la guerra fría, derechistas convencidos, y caudillistas tradicionalistas. Sintetizar todo eso es muy complicado. A la vez, CA conserva una unidad de acción profundamente uruguaya: descree de la virtud de los rápidos avances reformistas, y reivindica tácitamente al Estado como demiurgo nacional.

Manini Ríos sabe bien que no tiene futuro político personal fuera o contra la CR. Es entendible que marque el perfil que requiere su liderazgo (si hubiera sido ministro de salud, tal como sus antecedentes podían dejar pensar, hoy quizá sería Gardel). Empero, el límite está marcado por la polaridad irremediable de todo el sistema: o gobierna el FA o gobierna la CR. En el medio solo queda el abismo electoral y político.

La dirigencia mayor de CA sabe que precisa reformar y modernizar a su partido si quiere seguir siendo protagonista de la CR en 2024. Entre otras cosas, tiene pendiente una estructura interna ordenada pero plural; un perfil ideológico amplio pero coherente; un sustento civil que airee el tremendo sesgo del militar-jubilado omnipresente; y una demostración de fuerte capacidad para gobernar las distintas altas jerarquías del Estado, sin aspavientos y con responsabilidad.

Manini Ríos sabe Historia y es consciente de que en Uruguay todo liderazgo político ambicioso precisa de un partido fuerte que lo respalde. Pero lo más importante pasa en la CR: debe asumir, sin atisbo de dudas, de que precisa de un CA vigoroso para seguir siendo mayoría en las próximas citas electorales.

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