Francisco Faig
Francisco Faig

Ojo con el pase

No soy antivacunas: desde abril tengo la doble dosis contra el Covid-19. Pero me hace ruido la idea del pase sanitario. Empecemos por lo que sabemos. Se puede estar vacunado y ser asintomático de Covid-19.

La vacuna no inmuniza totalmente, sino que sobre todo ayuda a evitar enfermar gravemente. En estos 16 meses, hubo aquí unos 380.000 casos diagnosticados. Murieron alrededor de 6.000 personas, la inmensa mayoría de las cuales tenía más de 60 años y sufría comorbilidades, por lo que fallecieron con Covid-19 y no de (causa única) Covid-19. Hasta ahora, en todas las variantes que se conocen, una persona sana y joven que haya contraído el virus quizá la pueda pasar muy mal, pero es extremadamente improbable que muera por culpa de la epidemia. Hoy hay alrededor de 3.000 casos activos y de 80 enfermos en CTI con Covid-19; los servicios de salud no colapsaron; el horizonte se va despejando.

Las vacunas contra el Covid-19 no pasaron los rigurosos trámites de validación que las demás vacunas que conocemos sí debieron cumplir antes de universalizarse. Ante el temor por la pandemia, la comunidad internacional admitió un uso de emergencia que, en algunos casos como el de Pfizer/BioNTech, implica la acción novedosa del ARN mensajero, la cual nunca antes había sido empleada en vacunaciones masivas de seres humanos. Se desconoce su inocuidad en el largo plazo.

Cada uno puede evaluar pros y contras de tal o cual tipo de vacuna, y de vacunarse de acuerdo a su particular circunstancia vital. Yo creo que, en el estado actual del conocimiento, con los tipos de vacunas que disponemos en Uruguay y con mi perfil de edad y de salud, lo mejor sí era aplicarme Coronavac. Pero comprendo que en ciertos casos sea más acertado la Pfizer/BioNTech -por ejemplo, en mayores de 65 años-; o que en otros casos se estime que, en el estado actual de la epidemia, no hay riesgos graves personales o colectivos que sufrir, y que por tanto se prefiera no vacunarse.

En este estado de situación, la decisión del gobierno de no obligar a vacunarse contra el Covid-19 es correcta. A la vez, es muy razonable que la gente masivamente haya decidido hacerlo. El problema se plantea ahora con la idea de un pase sanitario sin el cual los no vacunados serían impedidos de participar en ciertas actividades como, por ejemplo, visitar la Expo Prado; o en el caso de jóvenes universitarios, de hacer prácticas médicas en el Clínicas.

¿Qué riesgo gravísimo para la salud hace correr un no vacunado al compartir un espacio público con un vacunado? Hoy, ninguno. Incluso, el que se arriesga, en todo caso, es el no vacunado, que por otra parte ha elegido libremente esa opción. Yendo más a fondo: ¿queremos vivir en una sociedad que permitirá las interacciones sociales en función del estado de salud de las personas, o del riesgo potencial de contagios de enfermedades sustancialmente no mortales como es el caso hoy del Covid-19 a la luz de la amplia cobertura de nuestra vacunación colectiva? Si se responde que sí, ¿hay límites? ¿O mañana se promoverá un pase para vacunados/no vacunados contra, por ejemplo, la gripe estacionaria?

Peligrosísimas políticas autoritarias han pretendido legitimarse en este tiempo mundial de pandemia. Ojo con el pase sanitario.

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