Francisco Faig
Francisco Faig

Napoleón y la izquierda

Los temas políticos del país no pasan por la coyuntura del Frente Amplio (FA). Sin embargo, como se trata del principal partido de oposición y de la carta de alternancia en el poder que tiene el sistema, importa tener claro qué está ocurriendo con la izquierda.

En primer lugar, el FA sigue sin poder encaminar la renovación de su conducción política luego de la derrota de 2019. Mujica (85 años) y Vázquez (80 años) siguen siendo los referentes ineludibles, al punto que si no se ponen de acuerdo no hay salida de consenso para nombrar un nuevo presidente del FA: parecía que era Carámbula (72 años), pero Vázquez sugirió a Rossi (77 años), por lo que difícilmente se resuelva pronto quién suceda al desgastado Miranda (56 años).

En cualquier caso, nadie de la sub-55 izquierdista asoma con fuerza, en otro ejemplo más de la decrepitud generacional del FA.

En segundo lugar, el FA parece haberse creído su propio relato extremista, por lo que periódicamente la emprende contra la coalición republicana de gobierno con un discurso que solo puede resultar verosímil tras el muro de yerba del comité de base. El último claro ejemplo refiere a los incidentes en la plaza Seregni: el FA tomó la bandera de la represión ilegal de parte de la policía y planteó incluso la necesidad de una interpelación parlamentaria por ello. Pero resulta que no pasó nada grave, si no es constatar el feroz desacato ciudadano que, en cualquier país del mundo que respete a la autoridad, hubiera terminado con varios procesados con prisión por agresiones a la policía.

En tercer lugar, el FA decidió jugar la carta de deslegitimar a las mayorías propias de la democracia representativa a través del uso del instrumento del referéndum, tal como hizo varias veces durante los años 90. Se alineó así tras las fuerzas sociales izquierdistas más reaccionarias. Pero, además, se metió en un brete muy complicado, porque juntar en 7 meses (tres de los cuales son de verano) nada menos que 700.000 firmas, precisa de una capacidad de movilización realmente enorme.

Hoy, el FA no cuenta con el vigor de sus liderazgos de los años 90. Hoy, sus argumentos ya no son tan convincentes. Hoy, la unidad social y política militante no es tan sólida. Hoy, hay una coalición republicana que ya pasó por 15 años de gobiernos del FA, y que está por tanto dispuesta a dar las batallas proselitistas que se precisen para evitar que el avance del país se tranque por causa de la máquina de impedir izquierdista.

Por si todo esto fuera poco, reapareció Sendic. Reivindicó nuevamente su título de licenciado en genética humana y anunció su voluntad de retomar su tarea política protagónica dentro del FA. Cualquiera diría que es una jugada bien pensada por el plan Atlanta para desprestigiar a la izquierda, pero lo que aquí hay en verdad es el viejo dicho de que el que se va sin que lo echen, vuelve sin que lo llamen.

Si Cosse pudo manejar tan mal Antel y ser electa luego intendenta de Montevideo, ¿por qué Sendic no podría ser nuevamente un destacado dirigente de este FA?

Era Napoleón el que decía que nunca interrumpas a tu enemigo cuando está cometiendo un error. Siguiendo el consejo del gran corso, sería realmente infame molestar o distraer al FA, concentrado como está en cometer tantos errores a la vez.

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