Francisco Faig
Francisco Faig

Un mundo para Uruguay

De costumbre, la política exterior no es tema de campaña entre nosotros. Sin embargo, las prioridades del Frente Amplio son muy relevantes para la inserción internacional y el bienestar futuro del país.
Hay una fornida clase media, aquí y en el exterior, que está muy conforme con estos años internacionales de Mujica. Se identifican con lo que creen son discursos asaces sinceros; proclamas justicieras; sentencias visionarias; y una imagen austera y progresista que refleja el idealizado pasado guerrillero. Para ella, la visibilidad presidencial en ciertos círculos internacionales es sinónimo de éxito para el país. Para quienes, numerosísimos, ya habían sucumbido además al encanto del charango y el bombo latinoamericanos, la defensa mujiquista de nuestra identidad tiene ribetes épicos. Para toda esa clase media, vamos bien internacionalmente, a pesar del fiasco del viaje a Finlandia o de la trágica incapacidad gubernativa para aceptar que Cuba vive en dictadura.

De costumbre, la política exterior no es tema de campaña entre nosotros. Sin embargo, las prioridades del Frente Amplio son muy relevantes para la inserción internacional y el bienestar futuro del país.
Hay una fornida clase media, aquí y en el exterior, que está muy conforme con estos años internacionales de Mujica. Se identifican con lo que creen son discursos asaces sinceros; proclamas justicieras; sentencias visionarias; y una imagen austera y progresista que refleja el idealizado pasado guerrillero. Para ella, la visibilidad presidencial en ciertos círculos internacionales es sinónimo de éxito para el país. Para quienes, numerosísimos, ya habían sucumbido además al encanto del charango y el bombo latinoamericanos, la defensa mujiquista de nuestra identidad tiene ribetes épicos. Para toda esa clase media, vamos bien internacionalmente, a pesar del fiasco del viaje a Finlandia o de la trágica incapacidad gubernativa para aceptar que Cuba vive en dictadura.

Pero hay entre los uruguayos medios quienes se animan a cierta crítica. Capaz que el kirchnerismo de Constanza rechina un poco; el delirio militarista venezolano incomoda; la alcahuetería a Estados Unidos con lo de Guantánamo molesta. Suponen entonces que Tabaré reprenderá tanta zalamería imperialista: ya se opuso a los K, por ejemplo. No asumen, claro está, que la izquierda más intransigente entiende de la importancia de las relaciones exteriores y ya ha fijado sus prioridades.

Ellas no se apartan de la línea general de estos años. No habrá ninguna alianza estratégica ni comercial que no pase por el visto bueno de los países grandes del Mercosur. El Frente Amplio compró la patria grande y asume que somos provincia. Buenos Aires o Brasilia decidirán por nosotros. La izquierda no mirará por encima del hombro populista regional. Constanza, feliz. Por mucho blablablá distinto de los más moderados, las referencias seguirán siendo Venezuela, Cuba, Irán y China. Todo aquel país que muestre ademanes internacionales contrahegemónicos, divergentes pues a Estados Unidos, tendrá apoyo.
Se trata del eje Almagro, ese que algunos dentro de la misma izquierda prefieren hacer como que no existe. Es cierto que hace algún mandadito a los poderosos, pero en general evita alianzas sustantivas con países del bloque occidental, porque se siente del Sur. Llora por Palestina; se emociona con los oprimidos del mundo; cree en la unión al ritmo del bombo peronista; y se preocupa por integrar a Cuba, como si estos fueran nuestros intereses nacionales.

Hay otra política posible. Asumir la soberanía nacional rompiendo con toda lógica mercosuriana que la contradiga; asegurarse amigos lejanos y poderosos que equilibren el abrumador peso de los pequeños imperialismos locales; y apoyarse en un eje de países de la región —Paraguay, Chile y Colombia— que devuelva vigor al principio de que lo jurídico está sobre lo político.

No puede haber amigos ideológicos en política exterior. Solo hay intereses permanentes. Ellos pasan por asegurar un destino soberano y democrático, distinto del populismo regional, y por una inserción internacional que multiplique posibilidades comerciales y de inversión para apuntalar un desarrollo sostenido y un mayor bienestar social. Pasan por aceptar que con el reflejo de la sensiblería latinoamericanista en los coloridos ponchos y letras de Mercedes Sosa ya es suficiente.

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